El amor propio se puede medir a través de la autoestima, lo que pone los dos conceptos en un nivel de igualdad. Amarse a sí mismo es un mandato de irrevocable cumplimiento y de forma muy especial si pretendemos brindar amor y construir relaciones basadas en el respeto y la libertad con una expectativa de crecimiento mutuo o sinergia donde tú y tu contraparte (no necesariamente tu pareja) acrecientan el amor del otro.

Para brindar amor, primero debemos amarnos a nosotros mismos pues es la forma sana y correcta de valorarnos y de dirigir nuestras vidas en un ambiente de desarrollo y de autoaceptación. El no hacerlo es una credencial extendida para que los demás nos manipulen e impongan sus criterios sin nuestro acuerdo o consentimiento. Siendo así, de que forma podríamos brindar amor…? De que forma podríamos hacerlo cuando la imagen que tenemos de nosotros mismos no es aceptada ni por nuestra mente ni por nuestro corazón…?

Una autoestima baja o nula se puede identificar fácilmente cuando nos sentimos víctimas y todo alrededor conspira contra nosotros ya que no tenemos la capacidad de afrontar nuestras responsabilidades y por eso mismo las depositamos en los demás o en situaciones ajenas a nosotros mismos. En ese momento el amor propio no existe pues nuestro nivel de aceptación es tan bajo que no confiamos en poder enfrentar nuestro destino, necesitamos la aprobación de los demás y a veces sobreactuamos pretendiendo esconder esa realidad. La buena noticia es que ser o no ser una víctima de los demás o de las circunstancias es una decisión y esa decisión está en nuestras manos.

Como lo he escrito en otras ocasiones, lo que siembres en tu mente hoy será tu realidad mañana. Comienza por afianzar tu amor propio a través del lenguaje incluyendo las palabras, el lenguaje corporal, las afirmaciones escritas y los diálogos e imágenes que pasan por tu mente. Toma la decisión de hacerlo y ponlo en práctica. Comienza por una idea clara de las cosas buenas que deseas para tu vida y date cuenta de que sólo a través del amor las puedes alcanzar. Amarte a ti mismo es tan importante como amar a Dios, lo dijo Jesús cuando uno de los fariseos quiso ponerlo a prueba preguntándole por el mandamiento más grande de la ley y en resumidas el maestro le contestó: “Amarás a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Al usar la conjunción “Y”, Jesús quería decir que es tan importante amarte a ti mismo como amar a tu hermano y en la misma medida a tu Dios.

¿Y como se ama a Dios? Bueno, por encima de todas las cosas, con respeto, con cuidado, lejos de cualquier sentimiento contrario al amor; lejos de la ira, del comentario dañino, de la envidia, de los celos y lejos de la traición… y así mismo es como te debes amar a ti.

Es fácil y es posible.

Amarnos de verdad a nosotros mismos no es dificil pero requiere una exploración detallada de nuestro ser, de nuestro pasado y de nuestra visión de un futuro promisorio lleno de abundancia y paz.  Necesitamos entender los sentimientos que nos alejan del amor a Dios, evaluarlos, repasarlos y desecharlos… dejarlos ir y perdonar pues esos son los mismo sentimientos que nos alejan del centro de nuestro ser.

Basa tu vida en principios duraderos en el tiempo y respeta tu ser así como debes respetar tus compromisos para forjar tu caracter y creer firmemente en ti.

Como dice el doctor Walter Dresel: Una autoestima adecuada nos convierte en verdaderos buscadores de nuestro destino, haciéndonos crecer frente a los desafíos y no dejándonos cejar en el esfuerzo por alcanzar los objetivos que nos hemos fijado, por dificiles que estos sean.

Ama tu voz, ama tu risa, ama tu pelo, ama tus sueños, ama los dedos de tus pies, ama tus deseos, mírate al espejo y ámate con todos tus retos y tus metas. Sal y vence!. Ama!

Éxitos y Felicidades!

Martin E. Orozco, CPC
Coach Profesional Certificado
http://Martin-Orozco.com

Martin E. Orozco es Coach Profesional Certificado radicado en la ciudad de Miami desde donde dirige el programa Coaching Para La Felicidad a través del cual le ayuda a sus clientes a descubrir su potencial y a tomar las riendas de su vida para el éxito.