Los niños que se crean entre algodones, muchas veces vienen a la terapia porque no saben establecer las relaciones con los demás: sus compañeros de clase, amigos, profesores, etc. Son frágiles, no pueden defenderse, su energía se ve bloqueada, no pueden decir “no” y muchas veces se hacen presas de los niños que tienen carácter más fuerte.

El otro problema de estos niños es que no saben hacer las cosas por sí mismos, casi siempre necesitan ayuda y por lo tanto, dependen de los demás. En su familia tienen todas las cosas ya hechas: comida, cama, ropa, etc. No tienen capacidad de lucha, se conforman con lo que tienen o con lo que les den otras personas y así se convierten en dependientes de los demás y se ven obligados por las circunstancias, y normalmente a la edad ya muy avanzada, a aprender hacer las cosas por sí mismos, tomar la iniciativa, ser independientes.

Para que eso no ocurra y los niños cuando crezcan, salgan al mundo preparados para competir, actuar y dirigir su propia vida, los padres debemos cuidar mucho nuestro afán de procurar hacer todo por ellos.

El problema es que esa intención es totalmente involuntaria, queremos mucho a nuestros hijos e intentamos crear una atmosfera donde todas sus necesidades serían satisfechas. Pero no hay que olvidar que otra necesidad muy importante que tiene cada niño, es necesidad de desarrollarse, de aprender, explorar, conseguir las cosas por su propio esfuerzo y los padres, debemos estimular y motivar esas necesidades desde sus primeros años de vida.

En el Sistema Floral de Bach hay varias esencias que nos podrían ayudar a equilibrar ese rasgo tan natural – proteger a nuestros hijos pero que a veces se manifiesta en exceso. Te recomiendo 2 de las esencias:

La Esencia Floral Castaño Rojo – para aquellas madres y padres que se preocupan demasiado por el bienestar de sus hijos, que tienen demasiados miedos de que les va a pasar algo malo, que no encuentran equilibrio entre saber apoyar y no sofocar con nuestras propias preocupaciones.

La Esencia Floral Achicoria – para las madres y los padres muy amorosos, bondadosos y generosos pero los que en el intento de ayudar a su hijo se encargan totalmente de todo y no le permiten a hacer nada por su propia iniciativa, a equivocarse, a explorar y aprender. Es un amor que sofoca, no permite desarrollarse al niño como un individuo independiente, no permite conocerse a sí mismo, sus propias fortalezas y limitaciones. Esta esencia ayuda a encontrar el equilibrio entre amar demasiado prohibiendo al niño a tener sus propias experiencias y aprendizajes y amar respetando su particular personalidad y deseo de desarrollarse como ser un individuo independiente.

Larisa Lavrova.

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