“La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento”, dice una vieja canción de Bob Dylan.

Cuando los hijos de Haydée vinieron a consultarme cómo podría quedar más protegida su madre en caso de fallecer su padre, ya que además de ellos el hombre tenía 3 hijos una unión anterior, me fui enterando que ella es soltera y él divorciado con sentencia firme.

Hace 4 décadas que viven juntos. Es decir: son concubinos.

El tiene un importante patrimonio y una empresa que está en pleno crecimiento.
Ella es ama de casa. El quiere protegerla económicamente por si fallece antes (le lleva 20 años).

Se hizo un detallado análisis de la situación patrimonial del grupo
familiar, se analizaron los riesgos que corrían y los beneficios que tenían.
Se sugirieron varias cosas para mejorar la posición de la mujer, entre ella una tan simple y nunca pensada como CASARSE.

Sí, casarse. No lo habían pensado. Pero resulta que están construyendo una propiedad de medio millón de dólares que si la escrituran siendo él divorciado, será un bien propio y los heredarían sólo los hijos (los de sus dos parejas). Pero si contrajera matrimonio, al escriturarlo sería un bien ganancial. De este modo, si Enrique muere, Haydée recibiría el 50 % del valor de ese cuantioso bien por disolución de la sociedad conyugal y sólo el 50 % restante se dividiría entre todos los hijos (que son 6).

Ninguno de los dos tiene impedimentos legales para casarse.

El matrimonio también le permitirá a Haydée heredar respecto a los bienes propios de Enrique como si fuera una hija más.

Esto, sumado al 20 % disponible que él le puede dejar por testamento, respecto a la totalidad de su patrimonio, le permite quedar protegida económicamente.

Viviendo en concubinato el único derecho que tiene actualmente es de percibir una pensión del Anses. Algo mínimo.

Los hijos (mis consultantes) sonrieron como diciendo “cómo no lo habíamos pensado” y salieron del Estudio rumbo al Registro Civil a pedir un turno de matrimonio para los padres…:-)

La planificación sucesoria incluyó la realización de otros actos jurídicos, pero el más importante era simplemente casarse después de cuarenta años de convivencia. El matrimonio es una fuente de obligaciones de la cual huyen muchos, pero también otorga derechos que a veces se buscan por medios más
sofisticados y están ahí, al alcance de la mano de cualquier ciudadano libre.

Mirta Núñez
Abogada – Psicóloga Social
Coach Personal y Profesional
www.mirta-nunez.com.ar
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