Cuando eres un emprendedor y en tu actividad está implícita, lo que te gusta hacer, pero también lo que deseas que ocurra, hay mucha inversión intangible que debe ser cuantificada y gestionada para que te ayude a conseguir tus objetivos con éxito. Los intangibles son aquellos conceptos difíciles de cuantificar en una hoja de excell, y que muchas veces son valores y motores importantes para nuestra actividad si los reconocemos y los utilizamos de forma adecuada.

Un ejemplo sencillo y cotidiano de la actividad de un emprendedor, son las reuniones de colaboración y esperanza que se dan en nuestras relaciones profesionales o networking. Para que estas se conviertan en acciones fructíferas incluso con ese  formato de colaboración, y puedan quedar hilvanados en ese tipo de encuentros, posibilidades y oportunidades de futuro, es muy recomendable tener la actitud personal correcta.

Un talante adecuado en ese tipo de encuentros es que participes con las expectativas puestas en ti, y no en los demás, y que vayas con semillas claras para sembrar adecuadamente y para recoger el fruto que desees realmente, dejando poco a la improvisación, pero preparado para lo impredecible.

Planificar esperando en una actitud pasiva, es decir, centrado en la esperanza de que otro o algo de fuera suceda, y se convierta en un detonante esencial en nuestro proyecto, es entre muchas cosas una disposición estresante, y puede ser frustraste si eso no ocurre tal y como uno espera. Si en cambio pones sencillamente tus expectativas en las posibilidades y en la confianza en lo que tú haces, y aceptas la responsabilidad de lo que pase, sin esperar que nadie se convierte en la pieza clave e indispensable para tu proyecto, tal vez los pasos te puedan parecer al principio más pequeños, o menos arriesgados, en cualquier caso estarán anclados en ti y no en los demás, y podrás modificarlos y adaptarlos siempre que lo necesites.

Cuando muchas veces, un cliente, un amigo o un proveedor, se convierte en esa pieza clave, como sucede en la vida; lo que no le corresponde a uno depende ineludiblemente de otro, y eso no está bajo nuestro control.

Centrar las expectativas en uno mismo es un valor emprendedor muy positivo a largo plazo. Te ofrece una base sólida sobre la que crecer, menos dependiente del entorno, y si además estas en buena conexión contigo mismo podrás focalizarte en las oportunidades que vayan surgiendo por el camino y convertirlas en objetivos alcanzables para ti y tu proyecto.

Marta Tramullas