Es preciso que los padres tomen en cuenta que hay muchos factores en su actual estilo de vida que se opondrán directamente a los esfuerzos de educar a sus hijos como emprendedores.

A continuación le nombro los 7 obstáculos más comunes:

1. Los medios de comunicación:

Estamos en la Era de la Informática. Como todas las cosas, esto tiene una connotación positiva y negativa. El lado positivo es obvio: las posibilidades de comunicarse y de informarse han puesto al mundo literalmente al alcance de nuestros dedos.

Sin embargo, desde el punto de vista de una educación emprendedora, lo peor de las horas frente a las pantallas es lo que nuestros hijos dejan de hacer por estar ahí.

En vez de estar creativamente absortos en un proyecto que los apasiona y les exige usar sus habilidades, estos aparatos se transforman en detractores demasiado atractivos que inducen al niño a adoptar una actitud cómoda e indulgente consigo mismo. Esto fácilmente se puede transformar en un hábito que es diametralmente opuesto a los hábitos propios de un emprendedor.

Por eso recomiendo restringir las horas de televisión y del computador si usted desea fomentar las habilidades emprendedoras de sus hijos.

2. La indulgencia con uno mismo lleva a la falta de moderación

Una de las razones por las cuales muchos niños están tan aburridos no es porque les hace falta algo, sino porque tienen demasiado. Aunque a primera vista no parezca lógico, el exceso de juguetes, ropas y dulces tiene un efecto negativo sobre los niños. Se comienzan a aburrir y quieren tener cada vez más. Dejan de valorar lo que tienen y son infelices.

En la adolescencia la indulgencia puede tener un efecto mucho peor. Si los padres les compran todo lo que desean, los dejan hacer lo que quieren y les dan dinero para pagar todos sus gastos, les hacen un pobre favor. Un adolescente criado de esta manera no se desarrolla, más bien se atrofia dedicándose a sus propios placeres en vez de tomar la responsabilidad por su vida, como lo debería hacer.

Yo recomiendo que los padres sean generosos con sus hijos, pero dentro de ciertos límites. Tiene que haber un «rayado de cancha» y se le debe exigir al adolescente cumplir con ciertas responsabilidades por su cuenta. Lo esencial es la actitud de el/la joven. Malas actitudes no deben ser ignoradas, sino confrontadas y resueltas.

3. El mundo que nos rodea:

Si tomamos en cuenta que casi todas las personas que nos rodean fueron educadas sin desarrollar su mentalidad emprendedora, es lógico pensar que hay un «efecto dominó» en todas las áreas restantes de la vida.

Esto significa que otros mentores de nuestros hijos, como un profesor de deportes, otros miembros de la familia y la comunidad en general, no van a tener una mentalidad emprendedora.

Si usted quiere entregarles a sus hijos una educación emprendedora, va a tener que estar dispuesto a nadar contra la corriente y va a tener que enseñarles a sus hijos a hacerlo también.

4. Poca dedicación del tiempo de los padres a sus hijos

Es alarmante el poco tiempo que los padres pasan hoy en día con sus hijos. Creo que no ha habido en la historia de toda la humanidad un período en el cual los padres han estado tan poco involucrados en la vida de sus hijos, como es en la actualidad. Casi da miedo pensarlo, por las consecuencias que esto tiene para las generaciones futuras.

Si usted es un padre demasiado ocupado, le pido que medite estas palabras:

«En cien años más no va importar…

Cómo era mi cuenta bancaria

En que casa viví

Cuál fue el auto que conduje

Pero el mundo puede ser diferente, porque fui importante en la vida de un niño.»

(Marilyn Howshall)

5. La falta de comunicación:

La consecuencia obvia de la falta de tiempo de calidad, es que no existe una comunicación permanente y efectiva entre padres e hijos. Cada uno vive por su lado y tiene su grupo de amigos lejos del hogar.

Lamentablemente hay muchas familias que viven bajo estas condiciones y hay padres que luchan con sentimientos de culpa en esta área.

¡Pero no tiene que ser así!

Si su familia es como la que acabo de describir, yo prendería las luces de urgencia y tomaría medidas drásticas. Nuestra familia es lo más preciado que tenemos en la tierra y tenemos que luchar con uñas y garras para mantenerla unida y así evitar que los miembros se vayan distanciando.

6. Falta de motivación:

Muchos padres se quejan por la falta de motivación de sus hijos.

Aunque el tema es complejo y amerita escribir todo un libro solo para ayudarles a los padres a motivar a sus hijos, yo estoy segura que mi guía «Cómo criar hijos emprendedores»

Realmente es mucho más simple de lo que usted se imagina. Piense un poco:

Cuando nació su primer bebé usted no tenía este problema. Un niño que nace sano parece tener un motor interno que le ayuda a aprender a sobrevivir en el mundo nuevo que lo rodea.

Más tarde el niño es cada vez más curioso. El aburrimiento no forma parte de su existencia. ¡Hay tantas cosas que deben ser exploradas!

Según A. Einstein, nunca deberíamos perder esta curiosidad por la vida y por el mundo que nos rodea.

7. No saber como hacerlo

Uno de los obstáculos más grandes que los padres enfrentan al querer fomentar las habilidades emprendedoras en sus hijos es que: ¡Ellos no las poseen!

Por mi propia experiencia he visto que padres e hijos pueden aprender a emprender en conjunto. Además es necesario que así sea. A pesar de que los padres no lo lleven a la práctica de inmediato, es preciso que capten el concepto de una educación emprendedora y reconozcan su importancia.

Si usted necesita ayuda con la preparación de sus hijos para que puedan enfrentar los desafíos del siglo XXI con éxito, lo invito a http://EducaciónParaElExito.com donde recibirá un libro virtual gratuito que le enseñará 10 datos que una mama le enseñó a sus hijos acerca de cómo prepararse bien para el futuro y a raíz de los cuales ¡él llegó a ser un millonario a los 21 años!

De Bettina Langerfeldt, cuya pasión es enseñar a personas de todas las edades como adquirir una visión para su vida, como ponerse metas y después perseguir la educación específica para que puedan lograrlas.

Por Bettina Langerfeldt

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