El pasado fin de semana nuestros hijos nos enseñaron una lección importante. Fue una sorpresa maravillosa. Nos invitaron a un hotel hermoso con aguas termales que queda en medio de los bosques nativos del sur de Chile para regalarnos un día a solas para los dos.

Para qué decir que me conmovieron hasta las lágrimas. Las instrucciones fueron: ¡Disfruten, descansen y afilen sus hachas!

¿Afilar nuestras hachas?

Se sonrieron ante nuestra cara de pregunta y nos pidieron que escucháramos un mensaje que tenían grabado en su ipod, camino al hotel.

El mensaje se llama «Reality Check» de Erwin Mc Manus (www.mosaic.org)

Fue tan fuerte el impacto del mensaje en mí, que resolví compartirlo con todas aquellas personas emprendedoras que están allí, luchando para alcanzar sus metas, fiel a su causa, con sus lenguas afuera y con la determinación de no aflojar jamás.

La persistencia sin duda es una gran virtud y un ingrediente esencial para alcanzar el éxito, pero hay momentos en los cuales debemos hacer un paréntesis para volver a ver el bosque y no los árboles.

La rutina nos atrapa

Es verdad: con las obligaciones y los esfuerzos del día a día hay un desgaste físico, espiritual y emocional enorme. Muchas veces ignoramos esto y seguimos trabajando arduamente en nuestros proyectos con el afán de lograr nuestros objetivos.

El problema es que caemos en un estado rutinario de efectuar las mismas acciones vez tras vez, nos cansamos y logramos cada vez menos resultados. Es como tratar de derribar un árbol con un hacha sin filo. Pegas con toda tu fuerza y avanzas demasiado poco.

No es un problema de falta de visión. Muchas personas tienen una meta clara y saben donde quieren llegar, pero la están tratando de alcanzar de la manera equivocada.

Lo mismo sucede con sus habilidades y talentos. Todos tenemos una combinación de dones y fortalezas que podemos explotar para el bien nuestro y para aportar a la vida de los demás.

El problema es que estos talentos son como diamantes en bruto que deben ser pulidos para que se manifiesten con todo su potencial. Eso requiere un tiempo en el cual debemos apartarnos de nuestras tareas para desarrollarlos mejor y para educarnos.

«Algún día las cosas van a cambiar»

Sin embargo, muy pocos lo hacen. Lamentablemente el ser humano bajo estas condiciones muchas veces elige simplemente seguir con la esperanza de que algún día las cosas van a cambiar.

No cambiarán. Hace falta parar, alejarse, recapitular, analizar, descansar y retomar la visión inicial.

Sé que no es tan fácil. Nuestras rutinas tienen ese poder de atraparnos y de darnos una falsa seguridad. Pensamos: «Al menos estoy haciendo algo.»

Salirse de la rutina y no seguir en el proyecto casi siempre va acompañado de ese gusto amargo de no estar involucrados en una actividad productiva. Nos sentimos inseguros, abandonados y preocupados, porque aparentemente estamos estancados.

Una historia reveladora

Por eso el concepto de afilar el hacha es tan importante. Quizás la siguiente historia le va a ayudar a entender su relevancia:

Dos hombres determinan hacer una competencia en la cual deben lograr derribar un árbol en el menor tiempo posible. Ambos se lanzan a la obra, llenos de energía y convencidos de que el premio pronto estará en sus manos.

Al blandir sus hachas, vuelan las astillas y los espectadores miran con asombro como el corte en ambos árboles se va profundizando con cada hachazo.

De repente uno de los dos competidores se detiene. El público queda sorprendido al observar que saca una pequeña lima de su bolsillo y comienza a afilar su hacha con toda calma.

Su oponente está feliz. Sigue golpeando con aún mayor fuerza su árbol y muy pronto el corte que está haciendo llega a ser tan grande que su victoria parece ser evidente.

Hasta el momento en el cual el hombre que afiló su hacha vuelve al trabajo. Un, dos y tres. Con solo un par de golpes acertados su árbol comienza a crujir y, ante la sorpresa de todos los espectadores, se derrumba a los pies del hombre sabio, quien supo lo importante que era contar con una herramienta en óptimas condiciones.

Nuestros hijos nos enseñaron una gran lección ese día. Pasamos un hermoso día muy agradecidos, disfrutando del regalo que con tanto cariño nos hicieron. Meditamos sobre nuestros sueños, nos animamos mutuamente en nuestros proyectos y planes y refrescamos la visión para nuestras vidas.

Lo animo a hacer lo mismo. Tómese un tiempo para agradecer, descansar, disfrutar, educarse y recordar los sueños que Dios ha puesto en su corazón.

¿Cansado? ¿Abrumado? ¿Frustrado? ¡Afile su hacha con nosotros!

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Por Bettina Langerfeldt

educacionparaelexito@gmail.com