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¿A veces te falta motivación? Automotivación en 3 minutos

A todas/os nos a pasado en algún momento sentir falta de motivación para continuar con una idea o proyecto, es humano. Pero que sea común no lo convierte en conveniente: nos hace sentir mal, baja nuestra autoestima y nos lleva a perder estupendas oportunidades de éxito. Aprender cómo recuperar la automotivación es fundamental para vencer nuestro miedo y dejar de procrastinar llevando a cabo las tareas propuestas, favoreciendo así nuestro desarrollo personal y profesional.

Motivación personal

¿Te suena ‘procrastinar’? Ya te he hablado de la palabra procrastinar en otros artículos, se trata de un término que viene del latin y que los norteamericanos han puesto de moda. Se utiliza para esas ocasiones en las que postergamos las cosas que nos hemos propuesto hacer, aparentemente sin motivo, aunque en realidad siempre hay un motivo que nos lleva a la pereza o a la dejadez: la falta de motivación.

En realidad se trata de distintas formas de miedo inconsciente a no saber por donde empezar, a no saber hacerlo, a no hacerlo bien… Cuando la motivación no es suficientemente fuerte no somos capaces de vencer ese miedo, que por otra parte es normal, todos los seres humanos tenemos miedo. Se trata de vencerlo, no podemos evitar que exista.

Motivación profesional

En nuestra vida laboral también tendemos a procrastinar por los mismos motivos que acabo de mencionar. La diferencia está en cómo nos afecta el hecho de procrastinar. Mientras en la vida personal nos lleva a regañarnos y sentirnos mal con nosotras/os mismas/os, y esto nos lleva a la baja autoestima, en la vida laboral puede llevarnos a perder el trabajo.

Cuando te enfrentes a tus tareas nuevas mantén la mente fría y tranquila, pregúntate qué te hace falta tanto de medios como de mentalidad para poder comenzar con tus nuevas tareas. Cuando las tareas no sean nuevas hazte consciente de la necesidad de llevarla a cabo, párate a pensar el motivo por el que tienes que hacerlo, el momento en que tiene que estar terminado, la importancia de que esté hecho.

Automotivación

Comenzar algo nuevo no es fácil, supone salir de nuestra famosa ‘zona de confort’. Como la mente es controladora y miedosa siempre va a poner trabas a los cambios. Está en nuestra mano calmar nuestra mente y poner manos a la obra, no dejarnos controlar por nuestro miedo para poder llegar a nuestros objetivos.

Puedes llegar a tener la automotivación suficiente para lograr hacer lo que te habías propuesto en tan sólo 3 minutos. Para ello tómate un único minuto en cada paso:
1.- Conecta con «tu gran porqué»: ¿Qué te llevó a querer hacerlo? ¿Qué te mueve?
2.- Deshazte de tu miedo: ¿Qué te está impidiendo hacerlo? ¿Qué te frena?
3.- Pon manos a la obra: ¿Cual es el primer paso que necesitas dar para hacerlo?

La motivación es el gran motor que nos lleva a cumplir nuestras tareas venciendo el miedo, pereza o desorganización que nos llevan a procrastinar. La automotivación es la vía para cumplir aquello que nos hemos propuesto, evitando sentirnos mal con nosotras/os mismas/os y haciendo que suba nuestra autoestima.

“La motivación nos impulsa a comenzar y el hábito nos permite continuar”
Jim Ryum

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Sobre Marta Morón, Directora de MujerLider:

Marta Morón es Coach y Mentora de mujeres Directivas, Managers, Emprendedoras, Freelancers y con responsabilidades profesionales. Hace más de diez años decidió dar un giro a su carrera de empresariales, basada en experiencias de Manager y Financial Controller en multinacionales como McKinsey y Linklaters, para ayudar a otras mujeres a organizar su Plan de Carrera o Emprender, y a transformar sus vidas.

Dos normas básicas para motivar a los que te rodean

Mucha gente me escribe preguntándome cómo motivar a sus empleados, equipo, colaboradores u otras personas de su entorno. Ya sólo el hecho de que te lo plantees, de que te preocupe, te hace estar por delante de muchas otras personas y negocios. Está claro que una persona motivada es una persona que da mucho más, y por tanto, te genera beneficios, ya sean económicos o de otro tipo. Así que ambos bandos salen ganando,todos felices.

En este caso voy a recurrir a algo que leí hace unos días en el libro “A river worth riding” de Lynn Marie Sager. Dos normas básicas de motivación que, a pesar de ser obvias, en realidad no lo son tanto; y que conviene tener en cuenta porque son muy útiles para esos casos y muchos otros. Es fundamental que recuerdes (porque ya lo sabes) que:

1. Lo que se premia, se repite.
2. Lo que se castiga, se evita.

Lo que se premia, se repite. Esto en sí es fácil de entender. Haces algo bien, te premian de alguna forma y, por supuesto, lo repites. El premio puede variar dependiendo de cada persona y situación: sueldo, alabanzas, más responsabilidad, regalos, sonrisas… Sin embargo, aunque parece simple, no se hace muy a menudo. Al contrario, muchas veces tratamos a las personas que han hecho algo bien con indiferencia, dando por sentado que así es cómo tiene que hacerse y, por tanto, no hay premio que valga. O bien con algo que, quizá para ti no, pero para ellos es un “castigo”.

Y aquí viene la segunda regla: lo que se castiga, se evita. Si una persona se esfuerza mucho y como consecuencia le exiges más, ¿para qué va a volver a esforzarse? ¿Para que le des otra pila de trabajo, para que le exijas todavía más? Muchas personas no dan todo lo que podrían porque en ese caso solo se esperaría más de ellas.

Esto es muy frecuente, además en todos los ámbitos. Es la típica persona que hace las cosas rápido y bien, que acaba antes que los demás porque es eficiente y no se pasa media mañana tomando cafés, y ¿tú qué haces? ¿Le dejas irse a casa antes, ya que ha hecho todo el trabajo? ¿O más bien le das más para que vaya adelantando, y que no se le ocurra irse ni un minuto antes de tiempo?

¿Qué sentido tiene darle a un trabajador que ha hecho algo muy bien más trabajo como “premio” y ninguna recompensa, sea del tipo que sea? En el fondo le estás castigando y, por tanto, disminuye su motivación. Por supuesto, siempre está el caso de las personas que son tan honradas, trabajadoras y responsables que van aceptándolo todo sin poner pegas, pero eso no significa que estén contentas y motivadas. Lo que significa es que llegará un día en que estarán tan quemadas que se irán en cuanto puedan y te quedarás sin alguien valioso para ti.

Si te preocupa la motivación de tu equipo, tus empleados o cualquier otra persona es porque te has dado cuenta de que algo falla. Si el comportamiento que ves no es el que quieres piensa qué es lo que has estado recompensando. Si a un niño que grita le das toda tu atención y al que está calladito no, adivina quien se está llevando el premio y qué va a seguir haciendo. Si cuando alguien hace algo bueno no le das importancia “porque es lo que debería ser”, para qué va a esforzarse más. Así que ya sabes, deja de premiar lo que no quieras que se repita y viceversa. Y sobre todo piensa en todas esas personas que hacen un gran trabajo y a las que no se lo reconoces, no sea que cuando te des cuenta sea demasiado tarde. Y ya sabes que esto no sólo es aplicable al mundo laboral…

Aunque teóricamente es fácil darse cuenta, en la práctica no lo es tanto. A veces no es tan obvio, es muy fácil, sin darnos cuenta, premiar lo que no queremos y castigar lo que sí, pero los resultados que obtienes no mienten. Así que párate bien a pensar en lo que te rodea y por qué es así, qué estás premiando y qué estás castigando.

Aida Baida Gil, coach de la profesional, trabaja con mujeres profesionales que quieren rediseñar su carrera y que buscan claridad, motivación, acción y resultados. Visita www.aidabaida.com para para recibir su boletín semanal con artículos y estrategias para tu éxito personal y profesional.

¿Dispersa? 3 pasos para recuperar la concentración y el enfoque

¿Te encuentras con la atención dispersa y sin saber cómo reordenarlo todo y volver a empezar? No ser capaz de centrarse es uno de los problemas que impiden que tengas los resultados que quieres en tu vida, pero no es el único. Quizá tu problema no sea no poder centrarte, sino no saber en qué centrarte.

Son dos cosas distintas pero relacionadas. Por un lado, la habilidad de enfocarte y sacar adelante las cosas, y por otro, el saber en qué tienes que centrarte. ¿El punto de unión? Cuando no sabes lo que quieres, es difícil centrarse.

Seguro que has oído muchas veces eso de “you get what you focus on“, consigues aquello en lo que te centras, en lo que te enfocas. Cuanto más te centras en algo, sea lo que sea, más recursos utiliza tu mente para detectarlo (de ahí que si estás embarazada empieces a ver mujeres embarazadas por todas partes, por ejemplo), pudiendo llegar a dominar tus pensamientos y a afectar a tu comportamiento. ¿El problema? Cuando eliges centrarte en algo que no te beneficia.

Si te centras en lo que te limita, te limitas. Si te centras en que no entiendes algo, menos espacio dejarás para entender. Si te centras en tus carencias, en lo que te falta (ya sea talento, tiempo, dinero, etc), empezarás a encontrar pruebas de que es verdad y cada vez te esforzaras menos o directamente tirarás la toalla. Si te centras en tus miedos, cada vez verás más pruebas de que son reales y no serás capaz de ver las oportunidades. ¿Me equivoco?

Lo bueno es que este proceso funciona igual para las cosas positivas. Puedes elegir enfocarte en algo que te beneficie, que te abra puertas en lugar de cerrártelas. Y como los pensamientos están unidos a las emociones y a las acciones, si cambias en lo que te centras, cambiarás tus pensamientos, emociones y acciones y conseguirás resultados distintos. Por tanto, saber elegir en qué vas a enfocar tu atención es fundamental.

Pero claro, igual de importante que saber elegir bien en qué enfocas tu tiempo, energía y pensamientos es desarrollar la habilidad de concentrarse, de no perder el rumbo o dispersarse. Porque al igual que no centrarte en las cosas adecuadas no te da resultados, tampoco te los da no saber aplicarte a ello, por mucho que sepas en qué centrarte. Ese es el problema en muchos casos, tus pensamientos se dispersan, cuando si te centraras tendrías excelentes resultados.

Entonces, ¿cómo puedes recuperar la concentración y centrarte en lo que más te beneficia, en lo que mejores resultados te va a dar? Lynn Marie Sager en su libro “A river worth riding” nos recomienda seguir estos pasos:

1. Imagina el futuro que quieres. En muchos casos este es el problema, necesitas una visión clara de lo que quieres para poder centrarte y avanzar hacia ese futuro. Para no dispersarte, estancarte o malgastar tiempo y energía haciendo cosas que no te llevan donde tu quieres ir. Como ella dice: “Hay una conexión entre saber lo que quieres y conseguir lo que quieres.”

2. Identifica lo que te distrae. ¿Qué te hace perder el rumbo? Para poder eliminar las distracciones que tanto te afectan hay que identificarlas primero. Noticias negativas, cotilleos, gente quejica, estar preocupada, enfadada. Cuando te sientas así, pregúntate que te hizo perder la concentración y el ánimo y ya sabes: ¡evitalo!
Una de las cosas que más te afecta son tus circunstancias: las noticias y la gente negativa. Eso hace que te centres en lo mal que están las cosas y que dejes pocos recursos a las posibilidades. Si dejas que estos factores controlen lo que piensas, les estas dejando controlar cómo reaccionas frente a tu vida, cómo te comportas, y por tanto, los resultados que tienes.
No digo que no tengas que estar informada, pero no te obsesiones, hace falta un equilibrio. Si la información hace que tu vida se derrumbe, ponle freno. Además, en estos casos, aquello en lo que nos centramos nos provoca miedo, así que si aprendes a controlar en lo que te centras, aprenderás a controlar el miedo De ahí que la gratitud sea tan poderosa, porque te centras en lo que tienes no en lo que te falta. Según el doctor Martin Seligman, psicólogo, hay algo que nunca falla para provocar satisfacción a largo plazo, y puedes aplicarlo para empezar a eliminar la negatividad y sus efectos de tu vida:
Cada noche antes de dormir escribe en un papel tres cosas que hayan ido bien ese día. Puede ser algo especialmente importante (me llamaron de un trabajo, conseguí un nuevo cliente) o algo no tan relevante pero que para ti sea significativo (mi marido me regaló flores, lo pasé bien con mis amigos, etc). Ahora apunta lo más importante, por qué fueron bien. Ejemplo: Me llamaron de un trabajo porque soy buena para ese puesto, lo pasé bien con mis amigas porque tengo unas amistades estupendas y saco tiempo para ellas, etc.
Este ejercicio diario logrará que empieces a valorar las cosas positivas de tu vida y tu papel en ellas.

3. Desarrolla la habilidad de centrarte. Ser capaz de centrarse es una habilidad que puedes desarrollar con la meditación o con ciertas disciplinas que requieran concentración como yoga, bailar, escribir, practicar algún deporte, etc. Elige una y empieza.

La combinación de estas pautas te ayudará a mejorar tu capacidad para enfocarte y a definir claramente en qué enfocarte y, ya sabes, si empleas tu tiempo en lo que quieres, empezaras a conseguir lo que quieres (parece obvio pero no lo es, piénsalo bien.)

¿Cuál es tu caso? ¿Te cuesta centrarte o no has elegido bien en qué hacerlo?

Aida Baida Gil, coach de la profesional y experta en toma de decisiones trabaja con mujeres profesionales que quieren darle un giro a su trayectoria y que buscan claridad, motivación, acción y resultados. Visita www.aidabaida.com para para recibir su boletín semanal con artículos y estrategias para tu éxito personal y profesional.

¿Angustiada ante un cambio profesional? Esto es lo que nadie te dice

Ya he comentado alguna vez que, a veces, parece que las circunstancias conspiran para que escriba un artículo; y este es otro ejemplo. Llevo un tiempo hablando con clientas y lectoras sobre las etapas emocionales que todas pasamos y que unas manejan mejor que otras. Es algo que no se menciona mucho pero es de suma importancia (y lo sé por experiencia) y, justo esta semana, en el boletín de una de mis mentoras, Diana Fontanez, ella comenta: “El problema no es sentir. Es el no estar preparado para esas etapas emocionales que todos tenemos que pasar.” Esta frase ha acabado de inspirarme para escribir este artículo.

Cuando estás pasando un momento de angustia y estrés profesional, ya sea porque estás en una encrucijada y no sabes qué camino tomar, porque acabas de hacer un cambio importante de carrera, o porque te has animado a establecerte por tu cuenta, vas a tener muchos altibajos emocionales. Es un hecho, te espera una montaña rusa emocional y es probable que hagas lo que la mayoría de la gente hace: averiguar cómo puedes eliminar tus miedos e inseguridades y frustrarte y enfadarte contigo misma cuando tu motivación disminuye, si pospones las cosas y no te pones en marcha, o si tienes un día “malo” en el que te planteas si de verdad hiciste bien. ¿Te suena?

Conozco bien esas etapas porque he debido de pasarlas todas   Cuando me planteaba si seguir en la ciencia o dedicarme al coaching, cuando dejé la ciencia, cuando empecé el negocio, durante distintas fases del negocio (cuando no hay movimiento, cuando no es estable, etc.) Como ves un montón de circunstancias en las que los miedos, la inseguridad y las dudas atacan.

Entonces es cuando te entra la impaciencia y piensas que no vales para eso porque si no no tendrías miedo, o que deberías estar motivada, o que a ver si es que todo el mundo tenía razón y has metido la pata, y te preguntas, como me preguntan muchas clientas y lectoras: ¿Qué puedo hacer para no sentirme así? Para estar siempre contenta, motivada y con energía.

Nada, porque eso es imposible.

Como dice Diana, sentirse así no es el problema (es normal, eres un ser humano no un muñeco), el problema es no estar preparada para esas etapas y no aceptarlas. Asume y acepta que habrá momentos de emociones intensas, es normal, estás haciendo cambios y saliendo de tu zona de comodidad. Como he mencionado alguna vez puede que incluso necesites una especie de periodo de duelo si cambias de carrera radicalmente (como me pasó a mi con la ciencia). Durante esos momentos lo importante es:

  • Aceptar que son situaciones y emociones temporales y normales.
  • Cuidarte y mimarte todo lo posible.
  • Ser paciente contigo misma y reforzar tu convicción de que, como decía Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, “Mañana será otro día”.

Al menos es lo que a mi me ha funcionado. No tiene sentido que luches contra tus sentimientos y, aunque parece obvio, no lo es. Hasta que alguien no te dice que es normal pasar por eso, tú crees que no eres todo lo valiente que deberías, o que hay algo que no estás haciendo bien. Pero nada de eso.

Por supuesto, me refiero exclusivamente a esos periodos de altibajos que vas a pasar sí o sí, períodos de dudas ante estos grandes cambios o  días “malos” en los que no haces nada y te sientes fatal. Si estas etapas se alargan demasiado y te sientes hundida y sin motivación alguna, podría ser algo más serio y, en ese caso, necesitas la ayuda profesional de un terapeuta. En caso contrario, no te sientas culpable y acepta que es un día malo, que no vas a hacer mucho y que te apetece más ir al cine o lo que sea y al día siguiente, a ponerte las pilas de nuevo. Y siempre ten en mente esa razón poderosa que ha impulsado el cambio, tu porqué, que no se te olvide.

¿Qué te parece?

Aida Baida Gil, coach de la profesional y experta en toma de decisiones trabaja con mujeres profesionales que quieren darle un giro a su trayectoria y que buscan claridad, motivación, acción y resultados. Visita www.aidabaida.com para para recibir su boletín semanal con artículos y estrategias para tu éxito personal y profesional.

7 Respuestas a como deshacerte del bloqueo

A todas/os nos pasa que a veces nos sentimos bloqueadas/os a la hora de tomar una decisión o de dar el siguiente paso. Es una incómoda situación que nos paraliza, no nos permite avanzar con soltura hacia nuestra meta. Ya sea por falta de motivación, por ser una importante decisión, o por miedo a no obtener los resultados esperados, el bloqueo siempre se rompe entrando en acción.

Hoy te traigo 7 tácticas que te ayudarán a eliminar el bloqueo, dependiendo de las diferentes causas que lo provocan.

1.- Has perdido la motivación

Empezaste tu camino con alegría y motivación, pero en algún punto del camino las perdiste. Sucede cuando no estamos suficientemente enfocadas/os en nuestro objetivo y eso nos lleva al bloqueo. La solución pasa por volver al punto de partida, recuerda cómo sentías y vivías tu objetivo con alegría y motivación, conecta con esas dos sensaciones. Una vez que las tengas regresa y sigue tu camino, estando más atenta/o para no volver a perderlas.

2.- Se trata de una importante decisión

Sientes que el siguiente paso es decisivo para tu futuro y la responsabilidad te puede por miedo a cometer un error garrafal. La solución para eliminar el bloqueo está en relativizar, entender que el éxito nunca está garantizado, y que es inevitable equivocarse a veces, sin que esto sea el fin del mundo. Es errando como aprendemos y crecemos.

3.- Te has quedado estancada

Ya has hecho parte del camino, pero de pronto no sabes por donde seguir. La confusión se apodera de ti, y cuanto más espacio le das, más estancada te sientes hasta llegar al bloqueo. Es el momento de salir, cambiar de aires. Ve a dar una vuelta, haz ejercicio, aprovecha para ir a comprar aquello que necesitas, etc. Sin autorreproches, despeja tu mente y trata de ver donde estás y donde quieres llegar, piensa qué resultados quieres obtener con una mirada nueva, trata de verlo desde fuera. Si esto no es suficiente, unas vacaciones para despejarte romperán el bloqueo.

4.- Te paraliza el miedo

No es más valiente quien no tiene miedo, sino quien a pesar de él, es capaz de levantarse y avanzar. En mi artículo “Estrategias para superar el miedo al fracaso” te hablaba de cuestionar tu miedo, de vencer el miedo poniéndote en acción, y de aprender de aquellos que ya han alcanzado el éxito. Una de las claves es aprender a vivir con que las cosas no te salgan a la primera, y tener siempre presente tu ‘porqué’.

5.- Crees que ya lo has probado todo

Nunca es cierto. Siempre hay alguna otra forma de afrontar una meta o un problema, siempre podremos darle otro enfoque o trabajarlo desde otro lugar. Si no puedes hacerlo sola/o, pide ayuda. Piensa en una persona objetiva que conozcas, y cuéntale lo que te pasa. Seguro que entre las dos encontraréis nuevas formas. Si aún así no sales del bloqueo, busca una/un coach.

6.- Has cambiado de opinión

Rectificar es de sabios. Cuando sientas que la meta que te marcaste ya no te sirve o ha dejado de satisfacerte, analízalo para estar segura de que no es algo pasajero. Si finalmente decides cambiar de meta, no te sientas mal. En tu entorno quizás piensen que debes seguir, por el tiempo que ya has invertido, pero si lo tienes claro mantén tu decisión. Dales las gracias por preocuparse por ti, pero sigue adelante con tus planes sin dar cabida a sus miedos. Serás tú quien viva con los resultados.

7.- Te faltan nuevos retos

El ser humano necesita probarse y motivarse continuamente. Cuando alcances tu meta, debes marcarte otras nuevas para tener motivación, si no la vida no tiene color. Plantéate cual podría ser tu nueva meta, escribe en un papel cuales podrían ser, evalúa el esfuerzo y la satisfacción de conseguirlas, y elige la que más se adapte a tu situación actual.

Cuando sientas un bloqueo, ya sea porque has perdido la motivación, te impone tomar una importante decisión, te sientes estancada, te paraliza el miedo, crees que ya lo has probado todo, has cambiado de opinión, o te faltan nuevos retos; vuelve al punto de partida y conéctate a tu meta, relativiza, cambia de aires, piensa qué resultados quieres obtener, asume que las cosas no te salgan a la primera, ten siempre presente tu ‘porqué’, prueba nuevos enfoques, analiza si cambiar de meta, márcate nuevas metas si es necesario, y sobre todo, ponte en acción para salir del bloqueo.

“No es deshonor no alcanzar una cosa, sino cesar de poner los medios”. Séneca

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Sobre la autora:
Marta Morón es Coach y Mentora de mujeres Directivas, Managers, Emprendedoras, Freelancers y con responsabilidades profesionales. Hace más de diez años decidió dar un giro a su carrera de empresariales, basada en experiencias de Manager y Financial Controller en multinacionales como McKinsey y Linklaters, para ayudar a otras mujeres a organizar su Plan de Carrera o Emprender, y a transformar sus vidas.

Desde entonces, Marta ha ampliado su formación estudiando Coaching con PNL en el Instituto de Potencial Humano, acreditado por la ICF-International Coaching Federation, así como en otros centros pioneros del coaching y el desarrollo personal. También es dos veces emprendedora. Actualmente, además de tener su consultoría “MujerLider – Coaching para Mujeres con Responsabilidades Profesionales” y su portal http://www.mujerlider.es, también es profesora de Desarrollo Personal y Profesional, Miembro Honorífico de Worldwide Branding Who is Who, y colabora con diferentes ONGs. Con su formación y conocimiento laboral, ha ayudado a numerosas mujeres a orientar su vida hacia los retos personales y profesionales que desean conseguir.

Suscríbete a su Boletín. Es tuyo GRATIS si te inscribes en www.martamoron.com. Sin spam y privacidad garantizada. Además, sólo por suscribirte tendrás de REGALO acceso al vídeo “Autoestima para tu Liderazgo”, y a solicitar tu “Sesión Estratégica Gratuita”, que te ayudará a conocer donde te encuentras profesionalmente, y cómo avanzar hacia dónde quieres llegar. Todos los meses Marta regala sesiones entre sus suscriptoras(es).

Por qué no haces lo que dices que quieres hacer

¿Por qué no haces lo que dices que quieres hacer? ¿Por qué te propones algo y no lo llevas a cabo? Lo primero que se te puede venir a la mente es: “porque no tengo voluntad, soy una vaga” o “porque no me motiva mucho”, «porque no lo intento lo suficiente», etc.

Es cierto que la voluntad y la motivación son importantes para ponerte en marcha y conseguir tus objetivos, pero también es cierto que son poco fiables, no puedes estar motivada todos los días de tu vida a todas horas.  Hay momentos de bajón y entonces es cuando bajas la guardia y abandonas. Por eso, aunque es importante tenerlos en cuenta, hace falta un factor imprescindible: tener buenos hábitos. ¿Por qué? Porque son acciones que haces automáticamente, aunque estés desmotivada, cansada o estresada. Si, automáticamente, en cuanto te levantas haces la cama, ya ni lo piensas, lo haces y punto. O si te lavas los dientes después de cada comida y siempre vas al trabajo por el mismo camino, no te supone esfuerzo ni necesitas voluntad o motivación, estás acostumbrada, es automático. Pues eso es en lo que en realidad hay que trabajar, en hacer de lo que quieres un hábito.

Pero claro, eso no es fácil en absoluto. En primer lugar porque decidir que quieres hacer algo no es suficiente, a tu parte racional le puede parecer lógico y factible, pero tu parte irracional no está por la labor. Llevas años apoltronada en el sofá y ahora porque de repente lo has decidido ¿vas a correr una maratón? No es tan fácil. ¿Por qué? Porque la  parte racional que toma la decisión no es la que controla tus hábitos, y por tanto, la cosa se complica. Por eso no eres capaz de conseguir algunos de tus objetivos, porque por mucho que racionalmente quieras hacer más ejercicio, dormir más o lo que sea, tus hábitos actuales son más fuertes. Y, aunque a corto o medio plazo puedes «obligarte» a hacer cambios, a largo plazo es más difícil. Consecuencia: abandonas.

Esta es una de las razones por las que proponerte objetivos SMART (realistas, específicos, medibles, importantes y con un rango de tiempo) ayuda mucho. Sin embargo, a veces hasta esta estrategia no es suficiente y te encuentras con tus objetivos bien planteados y sin hacer avances, incluso aunque empezaras motivada. ¿Te ha pasado alguna vez? Probablemente sí, son esos objetivos que a todos se nos resisten, pero ¿por qué?

La respuesta la encontré hace poco en el libro «Surprisingly… Unstuck» de María Brilaki. Algunos objetivos se nos resisten porque, en realidad, requieren más de lo que parece (pincha aquí para tuitear esto). Más tiempo, más energía, más pasos. Por ejemplo, a lo mejor te has planteado hacer más ejercicio a partir de ahora. Tres días a la semana harás 30 minutos de ejercicio, no es excesivo, sabes que para ti es realista y de verdad quieres ponerte en forma ya. Sólo que no lo haces y empiezas a sentirte mal porque tendrías que esforzarte más, etc. Pero en realidad no es que tengas que esfrozarte más o que seas una vaga, sino que no lo haces porque no es tan fácil, no es hacer 30 minutos de ejercicio y ya está. Es ponerte ropa de deporte y ducharte cuando acabes, ir al gimnasio o buscar un vídeo de ejercicios y decidir que días, etc. Hay muchos pasos y acciones implícitos que no te habías parado a considerar y que son los responsables de que sigas sin hacer nada.

Piénsalo, ¿cuantas de las cosas que has pospuesto en realidad requerían más acciones de las que habías tenido en cuenta? La solución entonces es hacerte las cosas más fáciles, que requieran menos tiempo o esfuerzo. Y al contrario, si hay algo que quieres evitar hazlo más difícil (de ahí, lo de no tener chocolate en casa o tenerlo en un sitio de difícil acceso, por ejemplo.) Así que ya sabes, si quieres hacer algo conviértelo en un hábito y para ello, ¡póntelo fácil!

En el siguiente artículo te daré más detalles y te explicaré tres formas distintas de hacer cambios, para que determines cuál es la más adecuada para ti y te pongas a ello. Por ahora, piensa cómo puedesfacilitarte las cosas.

 

Aida Baida Gil, coach de la profesional, trabaja con mujeres profesionales que quieren redirigir su carrera y que buscan claridad, motivación, acción y resultados. Visita www.aidabaida.com para para recibir su boletín semanal con artículos y estrategias para tu éxito personal y profesional.

 

¿Necesitas un cambio profesional drástico?

Cuando estás desmotivada, frustrada y tu negocio o profesión ya ni siquiera te ilusiona, puede ser difícil determinar si simplemente necesitas un descanso, o si es hora de hacer cambios y dedicarte a otra cosa. ¿De verdad quiero dejar lo que hago, o haciendo algún cambio las cosas se arreglarían?

Si esta es tu situación, probablemente te resultarán de gran utilidad una serie de preguntas que propuso Marie Forleo en uno de sus últimos vídeos (en inglés) :

1. ¿Hace cuánto no te tomas un descanso? O como dice ella, ¿cuántas veces  te has tomado un descanso en los últimos 6 meses? Y no sólo eso, sino ¿cuánto tiempo le dedicas a otro tipo de diversión, aventura o inspiración ajena a tu profesión? Si has trabajado mucho en tu negocio o puesto de trabajo y no has tenido tiempo para nada más, es normal que estés agotada y desmotivada. Es imprescindible descansar y desconectar, por mucho que te guste lo que haces. Como dice ella, puede que te encante el puré de patatas, pero si lo comes absolutamente todos los días, es inevitable que te canses; y no podrás volver a disfrutarlo hasta que lo pierdas de vista un tiempo. Así que no lo olvides, hay que descansar y recargar las pilas para que no empieces a cuestionarte todas tus decisiones o a pensar que es hora de un gran cambio cuando a lo mejor no lo es.

2. Si hoy mismo se aprobara una nueva ley que prohibiera la profesión o negocio al que te dedicas, de forma que todo el que se dedique a eso debe parar inmediatamente, ¿qué harías? ¿Te indignarías y saldrías a protestar? ¿O te sentirías aliviada por poder dejar lo que haces sin necesidad de dar explicaciones ni decepcionar a nadie? Muchas veces las expectativas de otras personas no te dejan ver con claridad lo que quieres. Tienes miedo a que te critiquen o a fallarle a alguien, en ese caso esta pregunta te ayudará a pensar con más claridad, tu respuesta te dirá mucho sobre lo que quieres.

3. ¿Aplicas la regla del 80/20? Sobre esto he hablado en otros artículos y se puede aplicar a muchas cosas. En este caso, el 80% de tu frustración profesional proviene del 20% de tus actividades. Échale un vistazo a todo lo que haces, ¿hay algún proyecto o cliente que te da pereza solo de pensarlo?¿Algo que estás deseando que se cancele? La clave para mantenerte motivada y con ganas es identificar y eliminar ese 20% de actividades que te llenan de frustración. No hay nada malo en cambiar las cosas. Muchas veces se lo menciono a mis clientas, a medida que vayas avanzando habrá cosas que ya no te llenen o te gusten como antes y puedes cambiarlas, no pasa nada, es bueno para mantener la ilusión y las ganas.

4. ¿Pones en práctica tus habilidades, destrezas o aptitudes naturales frecuentemente? Me refiero a aquellas habilidades que se te dan especialmente bien de forma natural. Cuando empleas tus habilidades naturales en tu día a día te sientes bien, confiada y encantada con lo que haces. Recuerdo cuando estaba haciendo las prácticas de coaching que le decía a mi profesora que no me sentía capaz de cobrar por las sesiones porque yo disfrutaba mucho, no me suponía un gran esfuerzo. Eso es a lo que me refiero, algo que se te da tan bien que es un para ti placer hacerlo, que no puedes casi ni considerarlo trabajo.
Si no tienes ni idea de cuáles son las tuyas, yo, al igual que Marie te recomiendo el libro «Now, discover your strengths» de Marcus Buckingham, imprescindible.
Lo que está claro es que tienes que escuchar a esa vocecita que te dice que necesitas un cambio. Todos crecemos y cambiamos y eso incluye nuestras pasiones y, a veces, te das cuenta de que te hace falta un cambio drástico. ¿Da miedo? Por supuesto, pero tienes dos opciones, escuchar lo que quieres y hacer cambios de manera consciente, o hacer oídos sordos a tus deseos y acabar saboteando tu negocio o tu vida con tal de no enfrentarte a lo que de verdad quieres cambiar.

¿Qué me dices? ¿Necesitas un descanso o es momento de ampliar horizontes?

Aida Baida Gil, coach de la profesional, trabaja con mujeres profesionales que quieren redirigir su carrera y que buscan claridad, motivación, acción y resultados. Visita www.aidabaida.com para para recibir su boletín semanal con artículos y estrategias para tu éxito personal y profesional.

 

Cuál es tu límite y por qué es imprescindible que lo sepas

Si tu vida sigue un ritmo frenético, no tienes ni un minuto que perder y estás desbordada, este artículo es para ti. Tu situación es mucho más frecuente de lo que parece y, lo que es peor, hoy en día se justifica y casi hasta se exige. Parece que es normal y deseable estar así y si no es que no eres una profesional “de verdad”. Es verdad que cierto nivel de estrés es bueno para tu desarrollo, pero aquí hablamos de algo más que cierto nivel.

Me refiero a  una situación en la que no tienes tiempo para ti, estás estresada y empiezas a darte cuenta de que así no puedes seguir. O bien ya estás totalmente desbordada y no sabes cómo cambiarlo. Como digo es algo frecuente, y también preocupante, porque esto no para hasta que algo te obliga a parar (una enfermedad por ejemplo) y por supuesto no queremos llegar a ese punto.

Entonces, ¿qué puedes hacer cuando tu vida te desborda? Tres cosas:

– Primero, cambiar esa idea. No es la vida la que te desborda, eres tú que no sabes poner límites.
Todos tenemos un límite y, aunque no solemos pensar en él, es muy importante conocerlo. De este modo sabrás cuando te acercas a él y podrás hacer algo al respecto. Así disminuirá tu desgaste y estrés. Porque ya sabemos como te afecta esa situación, y no solo a ti sino a los que te rodean también (yo, desde luego, soy plenamente consciente). Y a lo mejor te preguntas, ¿y cómo puedo saber cuál es mi limite? Excelente pregunta. En el libro “Cómo estar mentalmente equilibrado” (Ediciones B), Philippa Perry comenta que es importantísimo parar de vez en cuando para evaluar cómo te sientes en ese momento, qué piensas, qué haces. No tiene que ser un descanso largo, lo importante es que te acostumbres a analizar cómo te sientes. Por ejemplo, ahora mismo, ¿cómo te sientes? Cansada, aburrida, motivada, contenta, con hambre, sed,… Este el el primer paso para aprender a reconocer cuando estás llegando al límite, y así poder parar a tiempo.

– Segundo, identificar la causa de las prisas.
En general hay tres causantes de que estés siempre corriendo de un lado a otro:

  1. Demasiadas tareas para un tiempo determinado que, aunque te encantaría, no puedes estirar.
  2. Demasiada gente pidiéndote cosas.
  3. Una sensación interna de tener prisa. La sensación de que no puedes parar, de que hay algo más que hacer (que, por supuesto, siempre lo hay), de que no puedes perder ni un minuto…

Identifica cuál o cuales te afectan más.

– Tercero, solucionar el problema.  Aquí viene la parte difícil : )
Si tu principal problema es el de las tareas, ¿cuál es la solución? Hay varias: delegar, aprender a priorizar, no subestimar el tiempo que te va a llevar una determinada tarea, etc.
Si lo que te afecta es la gente, claramente es imprescindible que aprendas a poner límites y a decir que no.
Si tu principal problema es la sensación interna de prisa, es más complicado. Algo que ayuda es obligarte a parar varias veces al día, aunque sólo sean cinco minutos. La cuestión es parar tu ritmo frenético y hacer algo que te relaje o simplemente que suponga un parón: leer, escuchar una canción, dar un paseo o hacer el ejercicio que te mencioné antes. Lo importante es que te acostumbres a parar y veas que la vida sigue y que tu te sientes mejor. Esto, que es aparentemente sencillo, cuesta mucho, porque no vas a querer parar literalmente ni un minuto, la cuestión es obligarte. Y doy fe de que funciona…
Además, en todos los casos es imprescindible disminuir tus exigencias y expectativas (algo complicado, lo sé, pero tienes que tenerlo en cuenta).

Te pondré un ejemplo. Una de mis clientas me decía que necesitaba organizarse mejor, que estaba siempre ocupada, no tenía tiempo para hacer lo que ella de verdad quería y ni siquiera estaba segura de que lo que estaba haciendo la llevara adonde ella quería estar. Deseaba poder hacer las cosas de una en una, en vez de tener tantas a la vez. Así no se dispersaría tanto y estaría más enfocada;  y se sentía bloqueada y estresada. Analizando su situación, su mayor problema era no poder decir que no cuando le pedían algo y se iba llenando de actividades que muchas veces ni estaban dentro de sus prioridades ni  le aportaban demasiado. Solución: 1) aclarar prioridades y su trayectoria profesional deseada para saber de verdad qué le convenía hacer, y que no se llenara de actividades y responsabilidades que no le aportaban nada profesionalmente; y 2) aprender a poner límites, a decir no.

En resumen, es fundamental que seas consciente de cuál es tu límite y de que sobrepasarlo no es nada bueno. Así que párate a pensar hasta dónde puedes llegar, de cuántas tareas puedes ocuparte sin estar asfixiada, de cuánta gente (o peticiones de gente). Aprende a identificar como te sientes en cada momento para no llegar hasta ese punto sin retorno. Y no te engañes, independientemente de lo atareada que estés y las razones que tengas, lo más importante es que eres tu la que tiene que decidir que hasta aquí has llegado, y ponerte a solucionar ese ritmo frenético antes de que algo grave te obligue a parar.

¿Qué vas a cambiar?

Aida Baida Gil, coach de la profesional, trabaja con mujeres profesionales que quieren darle rediseñar su carrera y que buscan claridad, motivación, acción y resultados. Visita www.aidabaida.com para para recibir su boletín semanal con artículos y estrategias para tu éxito personal y profesional.

Superación personal – El temor a la grandeza

A la mayoría de las personas les da miedo ser grandes.

 

Sueñan con desenlaces felices y son movidas hasta las lágrimas cuando escuchan historias de héroes que dieron su vida por una causa. O ven una película de un don nadie que salió del anonimato para convertirse en el personaje clave que salva la situación.

 

Quieren ser como ellos, pero hay algo que los detiene.

 

Creo que una de las razones por las cuales algunas personas nunca alcanzan su verdadero potencial es por la manera en que se ven a ellas mismas.

 

Algunos lo llaman baja autoestima o falta de confianza en uno mismo.

 

Yo creo que simplemente no se atreven a creer en la grandeza que Dios ha puesto en cada uno de nosotros.

 

En su discurso inaugural como presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela dijo:

 

«Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos inconmensurablemente poderosos.
Lo que nos asusta es nuestra luz, no nuestra oscuridad.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, encantador, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres para no serlo?
Eres una criatura de Dios.
Jugar a ser insignificante no le sirve al mundo. No hay nada inspirador en encogerse para que los demás no se sientan inseguros a tu alrededor.
Hemos nacido para dejar de manifiesto la gloria de Dios que hay dentro de nosotros.
Que no está sólo en algunos, sino en cada uno de nosotros.
Y, al dejar que nuestra propia luz brille, inconscientemente les damos permiso a otros para que hagan lo mismo.
Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia, automáticamente, libera a otros.»

(Nelson Mandela. Discurso inaugural, 1994.)

 

A la mayoría de las personas les cuesta pensar que son capaces de lograr más. Sin embargo, no les es tan difícil sentirse ineptos e insuficientemente preparados para enfrentar nuevos desafíos.

¿Por qué?

 

¿Humildad o baja autoestima?

 

Muchas veces éste sentimiento se confunde con humildad, un rasgo de carácter que se nombra como virtud en la Biblia.

 

Pero, en realidad, es una pobre percepción de uno mismo, una baja autoestima.

 

¿Sabía usted que la palabra «auotestima» o «confianza en uno mismo» no se encuentra en la Biblia?

¿Será porque esta buscando su estima en el lugar equivocado?

 

Cuando no se puede imaginar que usted posee la capacidad de perseguir aquellos sueños que Dios puso en su corazón, es porque se esta enfocando en sus limitaciones. Se esta juzgando de acuerdo a la percepción de usted mismo y la de otros.

 

Cuando la percepción de usted mismo es muy baja, lo llamamos falta de autoestima.

 

En cambio, la humildad está basada en obediencia a Dios y confía plenamente en Él, Su poder y Su provisión.

 

No tiene que ver con no creerse capaz de alcanzar grandes logros. Tiene mucho que ver con creer en un gran Dios que sí es capaz de transformar nuestras vidas.

 

Libere su verdadero potencial

 

David fue muy humilde cuando mató a Goliat, a pesar de que su acto heroico se podría interpretar como un intento de auto exaltación. Sin embargo, su verdadera motivación fue la de glorificar a Dios.

 

De la misma manera, cuando dejamos de enfocarnos en nuestras debilidades y comenzamos a ver nuestros talentos y habilidades únicos como una herramienta que Dios nos ha dado para cumplir con un propósito que es más grande que nosotros, las cosas cambian.

 

No tendremos miedo de enfrentar a los gigantes, porque ya no se trata de nosotros. Es entonces que nuestro verdadero potencial va a comenzar a florecer y podremos alcanzar aquellas cosas que aparentemente son imposibles de lograr.

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Por Bettina Langerfeldt

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Para todas aquellas personas emprendedoras que tienen un gran sueño y aún no han logrado alcanzarlo

El pasado fin de semana nuestros hijos nos enseñaron una lección importante. Fue una sorpresa maravillosa. Nos invitaron a un hotel hermoso con aguas termales que queda en medio de los bosques nativos del sur de Chile para regalarnos un día a solas para los dos.

Para qué decir que me conmovieron hasta las lágrimas. Las instrucciones fueron: ¡Disfruten, descansen y afilen sus hachas!

¿Afilar nuestras hachas?

Se sonrieron ante nuestra cara de pregunta y nos pidieron que escucháramos un mensaje que tenían grabado en su ipod, camino al hotel.

El mensaje se llama «Reality Check» de Erwin Mc Manus (www.mosaic.org)

Fue tan fuerte el impacto del mensaje en mí, que resolví compartirlo con todas aquellas personas emprendedoras que están allí, luchando para alcanzar sus metas, fiel a su causa, con sus lenguas afuera y con la determinación de no aflojar jamás.

La persistencia sin duda es una gran virtud y un ingrediente esencial para alcanzar el éxito, pero hay momentos en los cuales debemos hacer un paréntesis para volver a ver el bosque y no los árboles.

La rutina nos atrapa

Es verdad: con las obligaciones y los esfuerzos del día a día hay un desgaste físico, espiritual y emocional enorme. Muchas veces ignoramos esto y seguimos trabajando arduamente en nuestros proyectos con el afán de lograr nuestros objetivos.

El problema es que caemos en un estado rutinario de efectuar las mismas acciones vez tras vez, nos cansamos y logramos cada vez menos resultados. Es como tratar de derribar un árbol con un hacha sin filo. Pegas con toda tu fuerza y avanzas demasiado poco.

No es un problema de falta de visión. Muchas personas tienen una meta clara y saben donde quieren llegar, pero la están tratando de alcanzar de la manera equivocada.

Lo mismo sucede con sus habilidades y talentos. Todos tenemos una combinación de dones y fortalezas que podemos explotar para el bien nuestro y para aportar a la vida de los demás.

El problema es que estos talentos son como diamantes en bruto que deben ser pulidos para que se manifiesten con todo su potencial. Eso requiere un tiempo en el cual debemos apartarnos de nuestras tareas para desarrollarlos mejor y para educarnos.

«Algún día las cosas van a cambiar»

Sin embargo, muy pocos lo hacen. Lamentablemente el ser humano bajo estas condiciones muchas veces elige simplemente seguir con la esperanza de que algún día las cosas van a cambiar.

No cambiarán. Hace falta parar, alejarse, recapitular, analizar, descansar y retomar la visión inicial.

Sé que no es tan fácil. Nuestras rutinas tienen ese poder de atraparnos y de darnos una falsa seguridad. Pensamos: «Al menos estoy haciendo algo.»

Salirse de la rutina y no seguir en el proyecto casi siempre va acompañado de ese gusto amargo de no estar involucrados en una actividad productiva. Nos sentimos inseguros, abandonados y preocupados, porque aparentemente estamos estancados.

Una historia reveladora

Por eso el concepto de afilar el hacha es tan importante. Quizás la siguiente historia le va a ayudar a entender su relevancia:

Dos hombres determinan hacer una competencia en la cual deben lograr derribar un árbol en el menor tiempo posible. Ambos se lanzan a la obra, llenos de energía y convencidos de que el premio pronto estará en sus manos.

Al blandir sus hachas, vuelan las astillas y los espectadores miran con asombro como el corte en ambos árboles se va profundizando con cada hachazo.

De repente uno de los dos competidores se detiene. El público queda sorprendido al observar que saca una pequeña lima de su bolsillo y comienza a afilar su hacha con toda calma.

Su oponente está feliz. Sigue golpeando con aún mayor fuerza su árbol y muy pronto el corte que está haciendo llega a ser tan grande que su victoria parece ser evidente.

Hasta el momento en el cual el hombre que afiló su hacha vuelve al trabajo. Un, dos y tres. Con solo un par de golpes acertados su árbol comienza a crujir y, ante la sorpresa de todos los espectadores, se derrumba a los pies del hombre sabio, quien supo lo importante que era contar con una herramienta en óptimas condiciones.

Nuestros hijos nos enseñaron una gran lección ese día. Pasamos un hermoso día muy agradecidos, disfrutando del regalo que con tanto cariño nos hicieron. Meditamos sobre nuestros sueños, nos animamos mutuamente en nuestros proyectos y planes y refrescamos la visión para nuestras vidas.

Lo animo a hacer lo mismo. Tómese un tiempo para agradecer, descansar, disfrutar, educarse y recordar los sueños que Dios ha puesto en su corazón.

¿Cansado? ¿Abrumado? ¿Frustrado? ¡Afile su hacha con nosotros!

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Por Bettina Langerfeldt

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