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Tres áreas claves en las cuales estás dejando dinero sobre la mesa

Cuando comencé con mi negocio hace siete años no sabía lo importante que era la atracción y fidelización de clientes. Ni siquiera había escuchado sobre ese concepto.

Cuando por fin se me alumbró la ampolleta, entendí que la única manera de obtener un flujo continuo de ingresos hacia mi negocio era por medio de una aplicación constante de estrategias de marketing y ventas. ¡Y me vi transformada en la gerente de marketing y ventas por más del 80% de mi tiempo!

Es cierto, el marketing de tus productos y servicios puede llegar a ser agobiante, porque hay miles de estrategias que se pueden usar, y todas son buenas.

Por eso es tan importante que simplifiques en esta área e inviertas tu tiempo enfocándote en solo algunas estrategias de marketing que funcionan para ti y para tu mercado. El secreto de la efectividad es que, una vez que hayas decidido cuáles usar, las debes aplicar en forma consistente, llueva o caigan relámpagos.

Pero aparte de eso, también es necesario que consideres un punto clave en el cual muchas emprendedoras nunca se enfocan y dejan mucho dinero sobre la mesa:

Las instancias en las cuales ya hiciste el arduo trabajo de marketing, generaste ingresos y luego los trasladaste mentalmente al compartimento de “misión cumplida” y seguiste adelante, buscando nuevas oportunidades de vender tus productos y servicios.

Es lo que yo llamo los “frutos maduros” de tu negocio: cuelgan delante de tus narices y no los cosechas, porque no estás consciente de ellos. Y estás dejando de ganar mucho dinero, sin saberlo.

¿Cuáles son estas áreas? Aquí tienes 3:

1. Clientes antiguos.
Clientes con los cuales ya has trabajado podrían estar felices en recontratarte para algún programa o servicio nuevo que estás ofreciendo. Lo bueno es que ya te conocen y confían en ti. Por eso es mucho más probable que inviertan en ti de nuevo.
¿Por qué no los contactas y les cuentas lo que estás haciendo? Puedes ofrecerles una atención especial por haber sido clientes tuyos.

2. Seguimiento con clientes que no aceptaron trabajar contigo en el pasado.
Un “no” nunca es un “no” de verdad. Es un “esto no” o un “ahora no”. Un cliente que no te quiso comprar hace 6 meses quizás no estaba en el momento adecuado para trabajar contigo. Quizás no se sentía preparado, o estaba tomando otros cursos.
También puede ser que el servicio que le ofreciste no era el adecuado para él o ella y ahora estaría encantado de trabajar contigo en tus programas nuevos.

3. Referidos.
La mejor publicidad es la que tus clientes hacen por ti. Pero vivimos en tiempos de ritmos acelerados y pocas personas se levantan por la mañana diciendo: “tengo que referir a alguien hoy día.”

Pero tú los puedes contactar, aprovechar de preguntar cómo están, contarles de lo que estás haciendo y preguntarles si tienen a algún conocido que se podría beneficiar con tus servicios. ¡Quizás mañana mismo tendrías un cliente nuevo en las puertas de tu negocio!

Me imagino que ya sabes cuál es la acción que debes tomar rápidamente:

Vas a tomar tu teléfono –o escribir unos cuántos correos- para cosechar los frutos maduros de tu negocio que rápidamente te generarán ingresos adicionales sin tener que hacer grandes esfuerzos de marketing.

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Bettina Langerfeldt – www.bettinalangerfeldt.com

Mujer emprendedora: Descubre por qué necesitas darte el permiso de crecer y cómo hacerlo

Mientras más tiempo llevo enseñando a las mujeres emprendedoras a ser todo lo que Dios las ha llamado a ser, más me identifico con los problemas de raíz que les impide lograrlo.
Mi negocio online me ha permitido trabajar con mujeres emprendedoras alrededor de todo el mundo, desde Israel a Japón, China, Europa, además de todos los países de habla hispana, y me doy cuenta de que todas lidian con problemas muy parecidos.
Como yo misma he pasado por todo un profundo proceso transformador: de ser dueña de casa y mamá educadora en casa, a tener mi propia empresa exitosa online y offline, sé perfectamente lo que significa salir de tu cascarón seguro y clamar valientemente ese lugar que Dios puso en tu corazón y que, por un lado te emociona, pero, por otro lado te aterroriza.
Nosotras, las mujeres emprendedoras, somos soñadoras por esencia, porque Dios nos hizo así. Sin embargo, a la hora de llevar esos sueños a la realidad, muchas veces nos retraemos y nos acobardamos. Hasta el punto de posponerlos y simplemente seguir con la vida que ya conocemos, que no nos satisface, pero por lo menos nos funciona.
Desde mi propia experiencia, sé que la mujer emprendedora, a diferencia del hombre, tiene que darse una enorme cantidad de permiso para emprender.
El hombre es soldado y guerrero. Le dices el cómo y allá va.
La mujer es más emocional y, por su esencia maternal, naturalmente preocupada por los demás. A la hora de emprender, ella necesita saber que va a estar segura, que no va a afectar a sus seres queridos, que nadie la va a rechazar o condenar y que no perderá su esencia femenina en el proceso.
Quiere seguir siendo mamá, esposa, pareja, amiga, hermana, hija, etc. y defenderá su “nido” con uñas y dientes. Lamentablemente hasta el punto de no desarrollarse más para llegar a ser la gran mujer que Dios creó y que, paradójicamente, podría ayudar, nutrir y salvar a tantas personas más.
Déjame decirte hoy que no es necesario que sacrifiques una cosa para obtener otra. Si te atreves a emprender, solo vas a impactar a más vidas positivamente, vas a ganar más dinero para ayudar mucho más a otros y vas a poder vivir un estilo de vida que te haga sentirte como la reina que eres.
¿Qué tienes que hacer para darte ese permiso?
Tienes que agrandar tu visión sobre lo que significa ser una mujer emprendedora.
Culturalmente, el lugar que te han asignado es demasiado pequeño. A través de la historia la mujer siempre ha jugado un rol secundario y silencioso. A pesar de que eso ha cambiado mucho, aún quedan patrones mentales adquiridos de nuestras madres y abuelas que, subliminalmente, te dicen que no debes salirte de ese rol y que te va a ir mal si lo haces.
Ese nunca fue el plan de Dios para la mujer. Sus planes para ti son grandes. No te creó para apoyar silenciosamente a un mundo gobernado por hombres, sino que te dio una voz y un corazón solidario, para ser el complemento perfecto de ellos y así lograr cosas grandes en conjunto. Cosas que los hombres no pueden hacer por si solos.
Una clara señal de esto es que cada vez las empresas están aceptando más y más mujeres en sus directorios, porque saben que nosotras tenemos mucho que aportar.
Si te cabe alguna duda, lee lo que dice la Biblia sobre la mujer virtuosa en el libro de Proverbios, capítulo 31, escrito hace más de 2.500 años. Ella es madre, esposa, cuida a su equipo, trabaja arduamente por el bien de los demás, es emprendedora e invierte en bienes raíces y es grandemente bendecida.
Como ves, ella no tiene que elegir entre lo uno o lo otro, porque sabe que puede tenerlo todo, ¡porque Dios así lo ha dispuesto desde los comienzos de su Creación!
Ella es lo que Dios quiere para ti. Toma tu lugar valientemente, querida mujer emprendedora.
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¡Si quieres crecer, tienes que salir!

Nuevamente estuve de viaje, para participar en una de las conferencias de capacitación a las que asisto regularmente, desde que me inicié en la web.
La mayoría de estas conferencias implican un viaje de más de 24 horas, una gran inversión… ¡y un paso gigante fuera de mi zona de confort!
A pesar de que ya llevo muchos años en esto, cada vez que me toca viajar por mi negocio, hay una serie de “tentáculos” que me dificultan la partida y con los cuales siempre tengo que volver a negociar:
• La incomodidad de viajar sola a un país lejano, con todos los riesgos que esto implica.
• El sentimiento de culpa por dejar a mi familia atrás.
• La inevitable pregunta: “¿Valdrá la pena hacer este gran esfuerzo?”
He aprendido a contestar rápidamente esta última pregunta, porque sé que, cada vez que me salgo de mi pequeña zona de seguridad y de confort, detrás de mi computador, ¡el crecimiento que experimento yo, mi negocio y mis ingresos es exponencial!
Por eso quiero animarte hoy a dar un paso de fe y a buscar una oportunidad para salir de tu rutina y sumergirte en un ambiente en el cual serás edificada, instruida e inspirada.
Puede ser una conferencia de capacitación, un “meetup” de emprendedoras o simplemente un taller o una charla pública que tú misma das frente a un grupo de personas, sobre tu tema.
Verás que el efecto de este paso es muy potente. Aparte de salir y refrescarte y disfrutar del contacto con otras mujeres emprendedoras como tú, verás que, rápidamente, descubrirás otros grandes beneficios insospechados que jamás experimentarías si te quedaras tranquilamente en tu casa, pensando que cambiarías el mundo desde ese lugar:
1. Muchos más contactos de mejor calidad:
No hay nada mejor que el contacto personal. Y eso es válido tanto para conexiones con posibles colaboraciones y alianzas estratégicas como también para el contacto más cercano con posibles clientes. Yo he visto que es mil veces más fácil producir ese “click” mágico que te conecta con otros cuando lo haces cara a cara, y no por Skype, email o por teléfono.
2. Capacitación más efectiva:
Es bueno hacer cursos online y educarte con material descargable, pero es algo muy diferente cuando ves a tus mentores en vivo, ¡modelando delante de tus ojos cómo se hace! Te será mucho más fácil implementar lo que aprendes, no sólo porque viste cómo se hace, sino también porque habrás visto con tus propios ojos lo fácil que es.
3. Inspiración desbordante:
Cuando tú te sumerges en un ambiente en el cual las demás personas están vibrando con lo mismo que tú, se produce una sinergia que te va a edificar por dentro. ¡Y esto pasa mucho más allá de un simple sentimiento rico! Saldrás de ese lugar llena de nuevas ideas, con mucha más claridad y con la certeza de que, si otras ya lo han logrado, ¡tú también podrás!
Trata de planificar al menos una asistencia mensual a alguna reunión presencial sobre tu tema, ya sea dictado por otros o por ti. Verás que crearás un “momentum” de crecimiento en ti y en tu negocio que va a dar un vuelco radical a todo lo que estás haciendo.
Se te abrirán puertas que antes estaban firmemente cerradas, ¡y esto se reflejará directamente en tu nivel de satisfacción personal y en tu cuenta bancaria!
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Tu nicho: ¿es “hot” o no lo es?

¿Te falta claridad para avanzar con tu negocio?
¿Te cuesta formular tu mensaje de ventas y sientes que es inconsistente?
Entonces es muy probable que tu nicho sea demasiado disperso.
En mi consulta de coaching he hablado con un sinnúmero de mujeres emprendedoras que luchan a diferentes niveles en su negocio y he visto que la gran mayoría de los problemas tienen su raíz en un nicho poco definido.
Normalmente este problema se refleja en tres áreas clave:
• Falta de claridad en la planificación del negocio, con el consecuente estancamiento.
• Un mensaje de ventas confuso que no atrae a muchos clientes.
• La falta de un método específico para solucionar los problemas del cliente, con el consiguiente agobio de tener que reinventar el trabajo que haces con cada cliente nuevo que te llega.
Si te sientes identificada con estos problemas y no sabías que la causa es tu nicho disperso, ¡entonces es hora de que lo revises y especifiques!
Pero antes de tomar el paso, quiero tranquilizarte. Normalmente el primer sentimiento que surge cuando sugiero especificar el nicho a una mujer emprendedora que trabaja en un rubro de servicio, como es una consultora, coach, terapeuta o profesional independiente, es el temor.
• Temor de perder su posicionamiento.
• Temor de dejar a alguien afuera.
• Temor de perder ingresos.
Estos temores son totalmente injustificados. En realidad, sucederá todo lo contrario:
Al concentrarte con un enfoque láser en solo un sector del mercado, solucionando un problema específico con un método definido, te vas a posicionar mejor, vas a atraer a más clientes que te valorarán y te pagarán bien y, en consecuencia, tus ingresos van a subir en vez de bajar.
De la misma manera que un enfermo del corazón va a preferir ir donde un cardiólogo antes que ir a un médico general, los potenciales clientes que tienen el poder adquisitivo para pagarte bien, van a buscar tus servicios si te especializas y van a estar dispuestos a pagarte mucho más por ellos.
Ahora que eso quedó claro, te puedo explicar lo que es un nicho y cómo puedes especificarlo más:
Un nicho básicamente tiene 3 componentes:
1. Tu cliente ideal.
2. El problema específico que solucionas.
3. Un método definido que solo tú entregas.
¿Cómo encontrarlo?
Para que puedas definir tu nicho, tienes que identificar “lo que tú haces”.
Te contaré una historia real, para que me puedas entender mejor:
Un señor tenía el negocio de instalar alarmas de seguridad. Para eso llegaba a las casas de sus clientes, tendía cables y hacía hoyos en las paredes.
Con el correr del tiempo las grandes casas comerciales comenzaron a vender instalaciones de alarmas del tipo “Hechos Por Ti” y cada vez más personas preferían instalar sus alarmas por su propia cuenta.
El señor tenía cada vez menos clientes y se dio cuenta que tenía que cambiar de nicho. Se preguntó: “¿Qué es lo que hago que se pueda ofrecer a otro mercado más lucrativo?”
Se dio cuenta que sabía tender cables y hacer hoyos en las paredes, comenzó a instalar cines caseros en mansiones de lujo y se convirtió en millonario.
¿Te das cuenta cómo puedes adaptar “lo que tú haces” a un mercado lucrativo?
Una vez que tomas ese paso, tu plan de negocios, tu mensaje de ventas y tu método quedan clarísimos y podrás avanzar con tus energías renovadas hacia un nuevo nivel de ingresos, sin cambiar mucho de lo que ya sabes hacer.

¿Te preocupa que seas demasiado ambiciosa?

Si eres una mujer emprendedora de corazón, es muy probable que:
• Te estés poniendo metas elevadas que te obliguen a crecer continuamente.
• Quieras generar cada vez más ingresos.
• Quieras ser la mejor dentro de tu rubro.
Todas estas son cualidades que se catalogan bajo el término “ambición”. Y es muy probable que hayas recibido críticas y desdén de tu entorno por ser así.
Porque la ambición es un atributo que no siempre es bien visto por nuestra sociedad, especialmente cuando proviene de una mujer.
Y no es de sorprender, ya que, históricamente, la ambición tiene una connotación negativa. La Real Academia Española la define como un “deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama”.
¡Uy! No creo que alguna mujer quisiera ser identificada de esa manera. Solo al leerlo me surgen imágenes de la clásica villana de las películas que es capaz de vender a su propia madre con tal de satisfacer su insaciable apetito por el poder y las riquezas.
Las mujeres somos naturalmente compasivas, serviciales y solidarias. Por eso este concepto de ambición nos causa tantos conflictos. Lo malo es que esta imagen de villana ha detenido, y sigue deteniendo, a miles de mujeres emprendedoras a tomar su lugar valientemente, para que puedan desplegar sus dones de empresaria y de liderazgo sin tener sentimientos de culpa al respecto.
Por eso la ambición es un tema complejo que trae mucha confusión, ya que parece ser buena a veces y, otras veces, no tanto.
Como mentora de mujeres emprendedoras, he visto que esta confusión se manifiesta de diferentes maneras:
• Honorarios muy bajos, porque se asume que la ayuda debería ser casi gratis.
• Una mala relación con el dinero, porque es malo querer enriquecerse.
• Agotamiento, por entregar demasiado tiempo y contenido de valor.
• Estancamiento, por vivir con este conflicto interno.
• Falta de enfoque y dispersión con otras actividades, por no darse el permiso de abrazar su misión plenamente.
Si esto te describe a ti, entonces es tiempo de confrontar el tema de esta ambición que está dentro de ti y que, incluso inconscientemente, no quieres aceptar y, mucho menos, darle rienda suelta.
La verdad es que la ambición en si no es buena ni mala. Lo que te puede perjudicar es la motivación que hay detrás de ella.
Para que me entiendas bien: nuestras motivaciones nacen en nuestros corazones. Son el motor de nuestras acciones, pero no siempre son evidentes, ni siquiera para nosotras mismas. Por ejemplo, a veces una mujer puede creer que quiere algo, pero es un deseo adquirido –o copiado- de otros. Incluso puede vivir de acuerdo a las expectativas de otras personas, no las propias.
Eso hace que nuestro accionar, que podría catalogarse como “ambicioso”, pueda nacer de una motivación buena o mala. Por fuera se ve igual, pero, por dentro, es muy diferente. Y da frutos diametralmente opuestos.
¿Cómo puedes medir si tu ambición es buena o mala?
Egocentrismo versus espíritu de servicio:
La ambición puede consumir a una persona si viene de un lugar de egocentrismo.
Me encanta el concepto de prosperidad con propósito, ya que enfoca tu negocio como una misión que ya no trata de ti, sino de algo mucho más grande. Nace de un deseo de ayudar a los demás y de tener la certeza de que tú serás generosamente recompensada por ello.
En cambio, si todo lo que haces gira alrededor de ti, es muy probable que tú te estés midiendo con tus logros. Eso te va a causar mucha frustración, porque tendrás poca tolerancia al fracaso, serás impaciente y vivirás descontenta.
Dios no te mide por tus logros. Te ama como eres, independientemente de que logres destacarte en algo o no. Quizás otras personas tengan ciertas expectativas sobre ti y tasen tu valor de acuerdo a lo que has logrado, pero Dios no lo hace y tú tampoco tienes por qué hacerlo.
Querida mujer emprendedora, pon tus ojos en aquellas personas que necesitan de tu ayuda. Cuando tus servicios vienen de un lugar de compasión y de amor por tus clientes, dentro de un marco de negocio que te permitirá crecer y alcanzar a cada vez más personas con tu mensaje, prosperarás y te sentirás plena y satisfecha.

¡La solución a tus áreas débiles con el dinero!

¿Te has catalogado como “poco hábil” con el dinero?
Muchas mujeres hacen eso. Se comparan con sus pares masculinos y deducen que simplemente no poseen la capacidad de manejar el dinero tan bien como ellos.
Es cierto si lo quieres solucionar con fórmulas masculinas.
La mayoría de los cursos sobre finanzas personales están hechos por hombres y abordan el tema de los números con más números: porcentajes, planillas Excel, organizadores, cálculos, etc…
Ya perdiste el interés, ¿verdad?
Pues hay otra manera de confrontar tus debilidades con el dinero y comienza mucho más adentro:
¡Comienza con tu personalidad! De la misma manera en que tu personalidad afecta a otras áreas de tu vida, también tiene una gran influencia sobre cómo te relacionas con el dinero.
Aquí te describo ocho personalidades diferentes, también llamadas “Arquetipos del Dinero” (Sacred Money Archetypes®, de Kendall Summerhawk, www.KendallSummerhawk.com) y cómo cada uno se relaciona con el dinero:
1. La Alquimista: Es idealista y tiene un fuerte sentido de justicia social, por lo cual tiene una relación de amor/odio con el dinero. Es muy visionaria, pero necesita aprender a cimentar sus ideas en acciones prácticas que transformen sus ideas en dinero.
2. La Conectora: Para ella las relaciones humanas van sobre todo, inclusive el dinero. Tiende a vivir bastante desconectada de sus números, pero tiene mucha fe y optimismo.
3. La Acumuladora: Ella y el dinero son una pareja hecha en el cielo. Le encanta ahorrar y sabe medir sus gastos, pero tiende a vivir en un mundo demasiado pequeño por no querer gastar.
4. La Disidente: Ella se siente muy atraída por oportunidades de volverse rica. Puede ganar y perder mucho dinero, pero sabe tomar riesgos y se maneja muy bien con los números.
5. La Gobernante: Su negocio domina la mayor parte de su vida y le encanta empoderar a las personas a través de él. Le cuesta divertirse, pero es muy decidida y crea mucho valor.
6. La Celebridad: Valora el dinero como una herramienta para lograr el status, imagen y reconocimiento. Puede caer en gastar compulsivamente, pero es una buena líder.
7. La Cuidadora: Ella quiere proteger, cuidar o nutrir a otros financieramente, incluso al punto de quedarse sin dinero ella misma, pero es muy fiel y, como empresaria, entrega valor de características asombrosas.
8. La Romántica: Sabe disfrutar la vida y gasta dinero “porque se lo merece”. Tiende a ignorar cualquier cosa que tenga que ver con las finanzas y es muy generosa con otros.
¿Ya identificaste cuál es tu Arquetipo del Dinero? Todas somos una combinación de al menos 3 de ellos.
Lo bueno es que todos y cada uno de ellos tienen tanto fortalezas como debilidades con el dinero. Por ende, ya puedes dejar de condenarte porque no crees ser tan habilosa en el tema de las finanzas.
Nunca olvides: ¡Los talentos y dones que Dios te da siempre son más fuertes que tus debilidades!

Los 7 niveles de estancamiento de la mujer emprendedora y cómo salir de ellos

Un buen negocio siempre debería estar en continuo crecimiento. Dicho con otras palabras: si tus ingresos no están aumentando año tras año, hay algo que no está funcionando bien.
Si bien es más fácil buscar las razones para esa detención en circunstancias externas, yo he visto que, normalmente, la razón del estancamiento está dentro de la empresaria, y no fuera.
Hay siete obstáculos clásicos que causan bajos ingresos, menos clientes y frustración en la mujer emprendedora que entrega servicios.
La buena noticia es que, si vas a la raíz del problema, podrás obtener plena claridad acerca de lo que te está deteniendo y tomar acción para cambiar tu situación.
Si sientes que estás estancada en tu negocio, estudia estos 7 niveles y encuentra en qué nivel te estás deteniendo:
1. Tu espíritu: falta de propósito
Tu gran por qué. El sentido de propósito de tu negocio forma el fundamento de todo lo demás que haces en él. Es como un motor interno que te propulsa hacia adelante y te confiere la pasión que es tan necesaria para que un emprendimiento sea exitoso.
2. Tu identidad:

¿Cómo te ves a ti misma en tu negocio? Si no tienes clara tu identidad, te va a faltar la confianza necesaria para tomar las decisiones que propulsarían tu negocio hacia adelante. Deja la imagen de la mujer que eras antes, ya no eres ella. ¡Ahora eres una empresaria exitosa que gana miles de dólares mensuales! ¡Comienza a tomar tus decisiones desde esa posición!

3. Tus creencias:
Cada vez que dudas poder lograr algo, estás estancada en este nivel: el de tus creencias. Si te acercas a tu Creador y buscas Su manera de pensar en grande, puedes tornar tu temor y tus creencias negativas en una fe pura y poderosa que te abrirá tu mente hacia nuevas oportunidades.
4. Tus decisiones:
Sabrás que estás estancada en este nivel cuando no tienes claridad sobre cómo hacer qué, cuando hacer esto otro. Estás confundida. En este nivel tienes que analizar la información que tienes a tu alcance, para asegurarte que tus posibles planes no estén basados en meros supuestos, sino en la información necesaria para tomar una decisión certera.
5. Tus metas:
Ya debes haber escuchado lo importante que son las metas y seguramente crees que tienes tus metas claras, pero ¿son lo suficientemente específicas? Por ejemplo, “quiero ganar más dinero este año” no es tan específico como “mi meta para los próximos 60 días es generar 8.000 USD”.
6. Tus acciones:
Si eres como yo, seguramente te encanta cuando alguien te dice exactamente los pasos que debes tomar para llegar al resultado que estás buscando. Si sabes qué hacer, pero no sabes cuándo hacer qué, vas a andar en círculos y te vas a frustrar.
7. Tu ambiente:
A veces, todo lo demás puede estar bien, pero estás en un ambiente tóxico. Te vas a dar cuenta, porque acciones o palabras de otras personas van a gatillar sentimientos de frustración y desanimo en ti, que afectarán directamente el rendimiento tuyo en tu negocio. Pregúntate, “¿estoy rodeada de personas que me apoyan y me ayudan, o me están tirando hacia abajo?”
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¡No te compares!

Uno de los actos más crueles a los cuales las mujeres emprendedoras se someten a sí mismas es el de compararse constantemente con sus pares.
Suele suceder de forma muy natural, por eso no siempre se dan cuenta de la espiral descendente de auto-sabotaje en la cual fácilmente quedan atrapadas al contemplar los éxitos de otras mujeres.
Tú sabes que te estás comparando con otras cuando…
• Te sientes incapaz y poco preparada cuando estás en una reunión o conferencia de emprendedoras y escuchas de los logros de las demás mujeres empresarias.
• Sigues a una emprendedora y lees de sus logros en sus boletines, porque la admiras, pero no crees que podrías lograr lo mismo.
• Quieres alegrarte cuando una emprendedora amiga o conocida cuenta de sus victorias, pero luchas con sentimientos de inferioridad y sientes que no te estás esforzando suficientemente para alcanzar tus metas.
Si te identificas con cualquiera de estos puntos, ¡no te preocupes! ¡Todas hemos luchado a este nivel!
El mundo de los negocios es altamente competitivo. Si no te cuidas, te puedes imponer una enorme presión que te llevará a caer en el síndrome de sobre exigirte y/o mirarte en menos todo el tiempo.
¿Cómo puedes evitar el daño que te haces al compararte con otras emprendedoras?
Lo primero es reconocer tú valor intrínseco.
No es malo compararte con otras. ¡Incluso te puede servir de estímulo! Pero tienes que hacerlo sin menoscabarte a ti misma.
A la mayoría de las mujeres les cuesta honrar su esencia única y personal. Son rápidas en reconocer el valor en otras personas…e igual de rápidas en desdeñar el aporte propio.
Nunca olvides que eres una creación única de Dios, creada para un propósito definido, dotada de dones y talentos para alcanzarlo y con una misión que solo tú puedes cumplir.
¡Tienes tú lugar en este mundo, no temas y tómalo!
Sé auto-crítica, pero realista a la vez.
La forma más sana de reaccionar cuando ves que otras emprendedoras avanzan con su marketing, contratan a más clientes y cierran más ventas que tú, es analizar lo que tú puedes aprender de ellas.
Pregúntate:
¿Has dejado de buscar contactos nuevos para darte a conocer?
¿No estás implementando lo que estás aprendiendo en tu curso o con tu coach?
¿Has comprometido tus prioridades y estás perdiendo tiempo http://bettinalangerfeldt.com/195/como_poner_limites en otras actividades?
Sé realista cuando te haces estas preguntas. No todas las personas están al mismo nivel con sus negocios. Lo importante es que estés avanzando y creciendo  ,  independientemente del nivel en el cual te encuentres.
Compárate con ti misma.
En vez de fijarte tanto en los progresos de otras empresarias, ¡mira los tuyos! Compara lo que has logrado hoy con lo que habías logrado hace un año atrás.
¡Luego celebra tus éxitos y sé agradecida por los resultados obtenidos!
Si deseas obtener más orientación sobre cómo te puedo ayudar a monetizar tu misión con un negocio online sólido, que te permita ganar el dinero que vales mientras ayudas a muchas personas, ¡aplica para una sesión estratégica conmigo y conversemos! http://bettinalangerfeldt.com/formulario-de-aplicacion-para-tu-sesion-estrategica

Tres pasos claves para volver a tomar el control de tu dinero

¿Sabías que tu relación con el dinero afecta a todas tus demás relaciones? Tu relación con Dios, contigo misma, con tu familia, e incluso tu relación con los bienes materiales.
La mayoría de las mujeres no saben que su manera particular de relacionarse con el dinero se reflejará en el trato que tendrán con todas estas otras áreas importantes de sus vidas. Por eso tienden a dejar al dinero en un compartimento aparte y no le dan la importancia que tiene.
Esto provoca conflictos internos con el dinero que resultan en angustia, baja auto estima, sentimientos de culpa y depresión.
En la práctica, puedes saber que necesitas sanar tu relación con el dinero si el dinero controla tu vida. Esto se puede manifestar de miles de maneras diferentes, como por ejemplo:
• Tienes bajos ingresos.
• Siempre te falta.
• Te endeudas fácilmente.
• Gastas en cosas innecesarias.
• Das más allá de tus posibilidades.
• Discutes frecuentemente sobre dinero.
• El dinero es la razón por la cual no te atreves a hacer lo que te apasiona.
• Etc.
¿Cómo puedes revertir esta situación y tomar el control sobre tu dinero?
1. Debes permitirte hacerlo
Tu historia del dinero comenzó a escribirse en tu infancia. Tu familia, tu cultura y tu entorno te impregnaron de mensajes que formaron patrones de pensamiento –o paradigmas—que rigen tu vida hoy.
Estos paradigmas son tremendamente limitantes y poco flexibles.
Lo bueno es que –a diferencia de lo que muchos creen– no son difíciles de cambiar.
Si tú no te has dado el permiso de estar en control de tu dinero hasta hoy, solo debes cambiar tus patrones mentales. Cambia el “no debo”, “no puedo”, “no sé cómo” por frases que te devuelven el poder sobre tu situación: “¡Debo, puedo y me prepararé para lograrlo!”
2. Busca cambiar desde adentro hacia afuera
Lo primero que muchas mujeres hacen cuando toman la decisión de tomar el control de su dinero, de una vez por todas, son cambios externos: intentan ahorrar, tratan de gastar menos, buscan nuevas fuentes de ingreso, etc.
Todo eso está bien, pero probablemente no tendrá un mayor impacto en tu situación financiera si no vas a la raíz del problema.
Tienes que conocer cómo tu personalidad particular se relaciona con el dinero y cuáles son tus debilidades personales con el dinero, aquellas que siempre te van a perjudicar cuando tomes decisiones financieras.
Por ejemplo, una mujer que tiene una personalidad más aventurera tenderá a ser demasiado arriesgada con su dinero. En cambio, una mujer más servicial gastará todo lo que tiene en las necesidades de los demás.
3. Fortalece tus áreas débiles.
Una vez que estés consciente de tus áreas débiles sabrás cuáles son los “puntos ciegos” en tus finanzas y podrás tomar las medidas necesarias para que tus debilidades no te saboteen. También podrás aprender cómo sacarle mucho más partido a tus fortalezas.
En resumen, a pesar de que te parezca un gran desafío volver a tomar el control sobre tu dinero, ¡no es difícil de lograr! Si eres consistente en aplicar estos tres puntos, podrás cambiar tu situación financiera actual y vivir con más holgura y más tranquilidad.
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Reflexiones de una emprendedora desempleada

A tres meses de renunciar a mi empleo para poder tomar mis propias decisiones, seguir mis pasiones y ser congruente en mi vida, me he topado con muchísimas reflexiones que se derivan de tomar una decisión como ésta. Evidentemente el camino no es fácil y honestamente, una no sabe precisamente a lo que se enfrenta, pero lo que sí sé ahora por experiencia propia, es que soy más feliz, estoy más plena y tomo más riesgos, lo cual me hace mejor ser humano y mejor profesionista.

A continuación te dejo mis reflexiones a tres meses de vivir desempleada y volverme emprendedora:

1. Salvar un poco de las vacas gordas para cuando estén flacas, siempre será una buena idea.

2. Encontrarse sin trabajo es un detonante increíble de la creatividad y el talento, de ver puertas donde antes había muros.

3. Yo le pongo el precio a mi tiempo. Yo decido. No el sistema, no los jefes, quien tiene en sus manos las decisiones (y consecuencias) de esta vida que es un regalo, soy yo y nadie más, por lo tanto, nadie es culpable, yo soy la responsable.

4. Enamorarse, equivocarse, quedarse sin quincena, abrirse a la vida, (¡¡EMBARAZARSE!!) e ir al súper a las 12 del día en lunes, puede ser un gusto demasiado caro, pero prefiero pagarlo a ver pasar mi vida complaciendo a otros, envejeciendo para otros.

5. La «popularidad» que te brinda un cierto puesto de trabajo, un título, un cargo, es efímera. Cuando, como yo, renuncias a eso y te enfrentas de cara a tu propia e íntima esencia, te das cuenta cómo sólo quienes deben permanecer en tu vida se quedan, los demás, se alejan igual que la quincena que ya no recibes y la «fama» que ya no tienes.

6. Más de la mitad de las cosas que «necesitaba» cuando era empleada, no me hacen ya falta. Orgullosamente me doy cuenta de cómo puedo vivir feliz sin consumir más.

7. El conocimiento que llevo en la cabeza, las ganas de mi corazón y la experiencia de más de 20 años de trabajo no le pertenecen a nadie por mucho que me haya pagado. Todo eso es mío, y yo sé cómo y con quién compartirlo, cómo y con quién invertirlo.
8. Agradezco esos 20 años de trabajo formal, de quincenas cumplidas, de logros alcanzados, de jefes y jefas buenos y malos, intrigosos y compasivos, que me enseñaron quién soy ahora y quién quiero ser, que me mostraron lo que no quiero repetir, en donde quiero permanecer y de donde me quiero alejar, que me permitieron compartir todos mis recursos para ayudar a otros, pero sobre todo, para ayudarme a mí misma a verme como realmente soy y hacia donde quiero ir.

En conclusión: Sí, soy más feliz siendo desempleada.