Dejo la construcción

Un buen día, después de varios años trepidantes en los que no tenía ni un minuto de tiempo de reposo, decidí dejar el oficio que me estaba quitando la vida, la construcción. Yo soy aparejadora y llevaba años con una empresa que monté junto con mi pareja de toda la vida. Después de muchas alegrías y tristezas, la vida me deparó muchos cambios y entre ellos, tuvimos que cerrar debido a «la crisis».

Me considero una luchadora, una superviviente y, varios años después, decidí que no volvía a la construcción. Así que en un proceso de catarsis, empecé a pensar en posibles negocios. ¿Mis prioridades? Pues que fuese un trabajo que me divirtiera. ¿Sencillo, no? Pues no.

Estuve meses pensando que podía hacer. Por supuesto, entre medias tenía que vivir, así que continue ejerciendo mi profesión de aparejadora y un día, no se cómo, me propusieron montar un negocio online. No tenía ni idea de como se hacía. Pero salió mi vena emprendedora y me puse a ello. Cursos y más cursos para informarme, muchos de ellos sin mucho contenido u obsoletos, así que tocaba separar el grano de la paja. Al cabo de unos meses, empecé con la nueva aventura y ahí sigo hasta el día de hoy.

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