Con la llegada de Internet y de las nuevas tecnologías, muchos son los comentaristas que han  hecho eco de un maremoto devastador que perjudicaría los oficios más tradicionales como la artesanía. ¿La artesanía es ya «¿Ha pasado de moda la artesanía?» En realidad pareciera que sucede justamente lo contrario, el encuentro de dos mundos que en apariencia se oponen se ha revelado más que fructífero. Y Latinoamérica ya ha dado prueba de ello.

Poner fin a debates sin fundamento

Modernidad versus tradición. El debate va y viene como una serpiente marina cada vez que se asoma alguna innovación. Replegarse frente al supuesto peligro que representa lo desconocido es un instinto natural, pero esto no ha impedido (felizmente) que nuestro mundo evolucione. Estas preocupaciones (a veces legítimas) fueron grandes cuando la ola high tech azotó los mercados, llegando incluso a reconstruir las relaciones entre los diferentes actores. Ahora bien, se plantean varias preguntas: ¿cómo sacar partido de estas innovaciones sin por ello comenzar de cero?, ¿cómo pueden los actores tradicionales adaptarse a esta nueva era?, o ¿cómo hacer para que los business models evolucionen de manera sostenible? Estas interrogaciones han sido especialmente determinantes para los profesionales de los oficios artísticos y de la artesanía. Aunque había quienes temían quedar atrás por las innovaciones high tech, la realidad parece completamente diferente.

En un artículo de referencia publicado por la Harvard Business Review, Larry Downes y Paul Nunes, autores del libro Big Bang Disruption: Strategy in the Age of Devastating Innovation, proponen una visión mucho más optimista. Muestran “Cómo el Internet salvó a los productos hechos a mano”[1], inspirándose particularmente de trabajos tan serios como los de Ryan Raffaelli. Éste ha mostrado cómo las tecnologías han permitido (re)crear valor en beneficio de técnicas antiguas. Es ciertamente paradójico, pero sobre todo es una realidad de dimensión mundial.

Cuando la tecnología permite la renovación

Es el misterio mismo de los modelos disruptivos: una tecnología old school que se convierte en un próspero business después de haber sido cambiada por alternativas menos costosas y sobre todo mejor adaptadas a las leyes del mercado. Pensemos en el ejemplo dado por Raffaelli, el de la relojería suiza que supo “renacer de sus cenizas” gracias a nuevos procedimientos high tech. Esta industria basada en un conocimiento artesanal dominó ampliamente el sector hasta la mitad de los años 70, cuando los japoneses introdujeron métodos de producción más rentables gracias a la tecnología de cuarzo. El wake up call  vino muchos años después, principalmente gracias a los coleccionistas de relojes mecánicos que pusieron a la moda un conocimiento inigualado y permitieron redefinir un segmento de nicho en el mercado.

Finalmente, demuestra Raffaelli, la aparición de nuevas tecnologías permitió a ciertas marcas (suficientemente sólidas) reposicionarse: su tecnología “obsoleta” se convirtió en un elemento importante de su identidad y les permitió crear valor agregado a los ojos de los consumidores. Actualmente, ciertos relojes mecánicos, excepcionales, particularmente de Breitling o el modelo Lightwieght de la fábrica Zenith, integran incluso materiales high tech (carbono, poliamidas, silicio, etc.) ampliando así las fronteras de la mecánica de alta precisión. De esta manera la tecnología de punta permite a esta industria mantenerse fiel a la desmesura que caracteriza la tradición relojera.

En este terreno los franceses, que gozan de un rico patrimonio artesanal, están a menudo en primera línea. Para los galos parece impensable dejar morir los oficios de la artesanía, especialmente aquellos que han hecho el renombre del país en los podios de la alta costura. A las técnicas heredadas a lo largo de los siglos, se suman ahora los procedimientos high tech que llegan a darle un toque de juventud a sus marcas. En su última colección, Chanel integró artículos conectados. Otro ejemplo, el confidencial estudio de fotos Helio’g, cuyas técnicas de huecograbado han sido elevadas a la categoría de patrimonio cultural inmaterial por la Unesco, mezcla procedimientos del siglo 19 e impresión 3D. El estudio fue descubierto por el Ministerio francés de Cultura para ser nombrado “maestro de arte” y promover esta técnica, única en el mundo.

Y la fórmula funciona en otros sectores, incluso en los industriales, como lo muestra el éxito de  otro maestro artesano grabador, Oberthur Fiduciaire, líder en el mercado de la impresión  de billetes de banco. Oberthur Fiduciaire, que acaba de recibir la certificación de “empresa de patrimonio viviente”, se basa en sus habilidades en materia de imprenta que remontan a 1842. El fundador de la firma, François-Charles Oberthur, fue él mismo litógrafo, y su nieto Joseph un dibujante animalista excepcional. Una estética inscrita en sus genes que sin embargo no impidió a Oberthur Fiduciaire desarrollar patentes high tech para su microtecnología integrada de lucha contra la falsificación. Reinterpretar el oficio de fabricante de billetes era una necesidad para poder sobrevivir a los desafíos actuales del sector. Esto se debe a que los billetes, de los que con frecuencia se anuncia la desaparición, son hoy considerados por muchos como más seguros tecnológicamente que las transacciones electrónicas. El Banco central de Paraguay informa que la cantidad de papel moneda en circulación en el país ha aumentado considerablemente en diez años, pasando de 63 millones a 157 millones de billetes. La tendencia es regional puesto que el Banco Central del Perú multiplica también las nuevas denominaciones. El Banco Central del Perú inauguró una serie de billetes que fueron destacados en los concursos que premian los billetes más bellos del mundo. Una razón para alegrar a los amantes del papel moneda, ya que había quienes temían fuertemente que la tecnología de los billetes llegara a suplantar su dimensión estética.

Este enfoque muy francés de la artesanía high tech fue aplaudido por el New York Times. La tendencia toma fuerza, en grados diferentes, en todos los países en los cuales la identidad está intrínsecamente ligada a los oficios artesanales. En Italia como en España también se está aprovechando esta ola, y se revindica que “No hay nada más moderno que la artesanía de siempre”, como en varios otros países de la región.

Internet y las TIC: nuestra vitrina hacia el mundo

De Bolivia a Brasil, la artesanía en línea se ha desarrollado notablemente. Hay casos de profesionales que han logrado salvar sus oficios gracias a la visibilidad que dan las plataformas en línea, como Etsy, que ha tenido un éxito arrasador en América Latina. Internet permite acercar los conocimientos artesanales más tradicionales a consumidores ávidos de productos “hechos a mano” en cualquier rincón del mundo. Las aplicaciones como Pinterest o Instagram otorgan visibilidad a creadores que no tienen los medios para pagar una campaña de comunicación, y de vez en cuando ¡el efecto viral hace de las suyas!

Asimismo, en Perú por ejemplo, la artesanía está en pleno crecimiento gracias al vector de comunicación que representan las plataformas digitales. “ El peruano no valora su artesanía”, constataban con pena los artesanos peruanos, que decidieron entonces apoderarse de las nuevas tecnologías para valorizar su trabajo sobre cerámica (las famosas cerámicas de Chulucanas) o la lana (la alpaca mundialmente apreciada). Y es en el extranjero pero también dentro de sus fronteras donde los peruanos parecen redescubrir con alegría las técnicas ancestrales que han hecho famoso al país. MINCETUR, el ministerio encargado del arte y el turismo, se ha comprometido de manera especial junto a la UNESCO a valorizar y acompañar los oficios artesanales. Para la viceministra a cargo del sector: “este desarrollo de la artesanía nacional va acompañado al crecimiento económico del país”. Y la tecnología de punta da un tremendo impulso.

Una trayectoria seguida también en Colombia, en donde Yasmelys  Almanza decidió introducir las TIC para promover los conocimientos artesanales de su comunidad. La iniciativa “Artesanos en busca de avanzar en la tecnología”, destacada por las más altas instancias del país, busca abrir las fronteras de los mercados regionales, nacionales e internacionales. “No es que mi comunidad se haya acercado a la tecnología como fuente de trabajo, lo realmente importante es que nosotros mismos ya hemos empezado a valorar lo que significan nuestras artesanías para el mundo”, afirma Almanza Yasmelys, que ha federado a los artesanos de su comunidad, beneficiando a cerca de 1.800 personas. Su proyecto será replicado en las otras regiones de Colombia. Una razón más para oponerse a las malas lenguas que siguen dudando de la alianza entre high tech y artesanía.

Vicente Torrez

How the Internet Saved Handmade Goods