La trayectoria profesional de cualquier emprendedora va cambiando y evolucionando, y mi historia es un reflejo de ello.

Empecé como emprendedora más por casualidad que porque lo fuera buscando. Nada más acabar la carrera de Derecho, y estando trabajando en una empresa que nada tenía que ver con el tema legal, pero que sí me aportó experiencia en el ámbito empresarial, me salió las opción de asociarme con un gestor laboral. Cuando ya tenía el despacho montado y un par de créditos en mis manos, las negociaciones con el que tenía que ser mi socio se rompieron.

Me encontré entonces con un local precioso, grande y bien situado, pero sin experiencia, sin clientes, y con una deuda que debía pagar. Y sola…

Tenía dos opciones, o seguía yo sola o me buscaba a alguien. Opté por esta última opción, pero la que sería mi socia también llegó por casualidad. Realmente parecía que el Karma estaba de mi lado. Así que en tres meses, me había montado un despacho, había roto con un socio, y empezado con otra.

Los inicios no fueron fáciles, pero un par de buenos contactos nos hicieron sobrevivir y, sobre todo aprender: tanto como profesionales como empresarias, y emprendedoras.

Si bien mi especialidad, y a lo que yo me quería dedicar, era penal, nos fueron surgiendo temas que nada tenían que ver con esta materia: derecho administrativo, mercantil y algún civil. Hasta que llegó el primer divorcio, y luego el segundo, el tercero…

A los tres años, hubo otro cambio. Mi socia decidió irse para empezar una nueva carrera en el ámbito de la enseñanza, y nuevamente, me encontraba sola. Pero decidí seguir e innovar.

Nuevas tecnologías, publicidad, mucho boca a boca… Y me llegó un caso complicado de divorcio, que me hizo saltar definitivamente al mundo del derecho de familia (sin dejar de tocar otros temas, por supuesto).

Este caso, que parecía imposible de ganar, lo saqué con éxito. Y me hizo evolucionar: el boca a boca funcionó muy bien, y los divorcios se empezaban a acumular en mi despacho.
Los siguientes ocho años fueron duros, pero conseguí posicionarse y ganar dinero. Fueron años de mucho esfuerzo, muchas horas y mucho tesón.

El cansancio de dichos años pasó factura, y necesitaba un cambio en mi vida profesional y personal. Y la llamada a la maternidad, hizo aparición. Tuve a mi primer hijo, y todo cambió. Las prioridades cambiaron y bajé el ritmo para poder conciliar.

Pero el gran giro fue con el nacimiento de mi segunda hija. Si acomodarse profesionalmente con un hijo era complicado, con dos lo era más. Y no quise renunciar a la maternidad. Reduje jornada a tiempo parcial, me cuidaba de mis hijos, ayudaba a mi pareja en su empresa y trasladé mi despacho a una habitación en casa.

Así durante ocho años más. El estrés de no llegar profesionalmente a donde quería llegar, el cuidado de mis hijos, y la degradación de la relación con mi pareja, me hizo decidirme por probar de mi propia medicina: me separé, y comprobé que era estar personalmente en el otro lado de una ruptura de pareja, de una separación, de un divorcio.

Encontrarme en esta situación, me hizo volver a evolucionar, tanto personalmente como profesionalmente. Tenía que recuperar lo perdido a nivel profesional.

El presente y los objetivos para el futuro

Hace poco más de un año, tuve la suerte de conocer al que es ahora mi socio, otra vez por casualidad, experto en e-commerce y marketing on-line. Y mientras descifrábamos los entresijos de la vida que teníamos los divorciados para rehacer nuestra vida, se nos ocurrió montar el nuevo proyecto en el que estamos embarcados: una web para divorciados.

Este nuevo proyecto, hace cuatro meses que lo empezamos, con mucha ilusión, mucho trabajo, y que está dando grandes frutos. En esta web escribo artículos tanto legales como de otro tipo: unos divertidos, y otros más a nivel práctico. La experiencia profesional y personal, es un grado, y ha hecho que nazca este proyecto. Porque el mundo de los divorciados, es un mundo amplio, que no sólo se ciñe al punto de vista legal.

Sigo con mi despacho. Tengo este proyecto nuevo.

Lo relatado ha sucedido en casi 22 años. Lo que me depararán los próximos 20, no lo sé. Pero lo que sí que sé es que fui, soy y seré siempre…emprendedora.

Conclusiones y consejos

Ser emprendedora o empresaria no es fácil. Pero tiene unas ventajas enormes que te permiten conciliar la vida laboral y familiar (no sin muchos malabarismos), pero que te llena de satisfacciones. Cada proyecto es como un hijo (aunque no se pueda comparar), que ves en todas sus fases: de engendro, embrionaria, y de crecimiento; que te da tristezas y alegrías.

Consejos: No tener miedo, luchar, seguir luchando, creer en ti misma, no dejarse hundir por lo malos ratos y celebrar con moderación los buenos.

Ser un emprendedora es una montaña rusa a la que vale la pena subir. Sin olvidar que siempre se puede bajar y subir a otra.

Esther Fernández Lucas
https://www.elclubdeldivorcio.com/